El INDEC confirmó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero registró un alza del 2,9% mensual, acumulando una variación interanual del 32,4%. Este dato, levemente superior a las proyecciones privadas más optimistas, confirma la resistencia de la economía a perforar el «piso» del 2,5% en el corto plazo y aleja la convergencia hacia el 1% mensual deseado por el gobierno.
La dinámica de precios no fue homogénea y enciende una señal de alarma en la canasta básica: el rubro Alimentos y Bebidas trepó un 4,7%. Fue el sector de mayor aumento y el de mayor incidencia en el índice general. Este salto rompe con la moderación de los meses previos, traccionado principalmente por fuertes subas en carnes, verduras y legumbres. Para el bolsillo de la clase media y baja, la «inflación percibida» fue, en la práctica, muy superior al promedio general.
El factor estacional también jugó su partido. La categoría Restaurantes y hoteles subió un 4,1%, reflejando el impacto directo de la temporada alta de vacaciones y el ajuste en servicios turísticos.
En el otro extremo, Prendas de vestir y calzado registró una caída nominal del 0,5%. Este fenómeno deflacionario se explica por la liquidación anticipada de stock ante la falta de ventas y la creciente sustitución de producción nacional por importados, que obliga a las marcas locales a bajar precios para competir.
El IPC Núcleo (Core) se ubicó en 2,6%, apenas por debajo del nivel general. Esto indica que, aun limpiando los factores volátiles (turismo) y regulados, la inercia inflacionaria viaja a una «velocidad alta» que será difícil de frenar sin enfriar aún más la economía.
A pesar de los ajustes anunciados en transporte y combustibles, el rubro regulados creció paradójicamente por debajo del promedio este mes, actuando como un ancla relativa. Sin embargo, esto es transitorio: se esperan mayores correcciones en febrero y marzo (VTV, AySA, Energía) que volverán a presionar el índice.
El impacto no fue uniforme en todo el territorio nacional. Mientras el GBA tuvo una inflación del 2,8% (alineada al promedio), la región Noreste sufrió un pico del 3,8%, castigada por su mayor sensibilidad a los precios de alimentos y costos logísticos. En la zona pampeana fue de 2,9%.
Con los alimentos corriendo al 4,7%, la presión sobre las paritarias aumentará en febrero. La PyME debe prepararse para una estructura de costos que deja de desacelerarse, mientras que sus precios de venta encuentran un techo impuesto por la debilidad de la demanda.