Resumen Ejecutivo
El informe de octubre identificó un «punto de inflexión» caracterizado por la búsqueda de financiamiento a través del Tesoro de EEUU y la relación de Milei con Trump. En el mes de noviembre se profundizó el alineamiento con los Estados Unidos y, más específicamente, con la administración del presidente Donald Trump. Este posicionamiento se materializó en la Cumbre del G20 en Sudáfrica, donde Argentina se aisló del consenso global, y en la visita del presidente Javier Milei a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Florida, donde se continuó trabajando un pacto político-financiero con el país del norte.
En el plano económico, la estrategia del gobierno comienza a mostrar una dicotomía profunda. Por un lado, las variables financieras celebran el respaldo de Washington: el Riesgo País ha perforado el piso de los 650 puntos básicos, ubicándose en niveles mínimos anuales, y la inflación continúa estable alrededor del 2%. La noticia del blindaje financiero orquestado desde el Tesoro de los EE. UU., ha funcionado como un ancla para las expectativas de devaluación.
El contexto internacional opera como un arma de doble filo. La distensión aparente en el conflicto ucraniano, impulsada por un nuevo marco de paz estadounidense, promete estabilidad geopolítica pero amenaza con deprimir los precios de las materias primas agrícolas y energéticas, vitales para la balanza comercial argentina. Simultáneamente, la guerra comercial entre Estados Unidos y China se intensifica, colocando a los exportadores argentinos en el fuego cruzado: mientras el gobierno celebra la alianza con Trump, los productores rurales estadounidenses presionan contra el «rescate» a sus competidores argentinos, y China comienza a dar señales de reticencia en sus compras de soja.
Política internacional: la diplomacia de la ruptura y el alineamiento
La política exterior argentina ha dejado el pragmatismo para adoptar una postura de alineamiento con EEUU. Esta estrategia no solo busca la cercanía con Occidente, sino una identificación total con la vertiente más conservadora del Partido Republicano estadounidense, aun a costa de tensionar relaciones históricas y multilaterales como son los casos de China y Brasil. Sin embargo, esta tensión no muestra signos de profundización en noviembre.
La Cumbre de Líderes del G20 celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica, los días 22 y 23 de noviembre de 2025, pasará a la historia diplomática argentina como la materialización profunda de la alineación Argentina con EEUU y una ruptura histórica Argentina con el consenso multilateral. En un escenario inédito, Argentina se convirtió en el único Estado miembro presente en rechazar y no suscribir la Declaración Final de Líderes.
La delegación argentina, encabezada por el Canciller Pablo Quirno ante la ausencia deliberada del presidente Javier Milei —quien optó por no asistir en un gesto de solidaridad con el boicot del presidente Donald Trump al evento—, planteó objeciones que trascendieron lo técnico para instalarse en lo doctrinario. La decisión de no firmar el documento se fundamentó en dos pilares argumentativos irreconciliables con la presidencia sudafricana del foro:
- La Violación de la Regla del Consenso: la presidencia sudafricana, anticipando bloqueos, optó por una maniobra procesal heterodoxa: declarar la adopción del documento al inicio de las sesiones, asumiendo un consenso tácito. La delegación argentina denunció esto como una ruptura de las reglas consuetudinarias del G20, argumentando que sin unanimidad explícita no hay declaración válida. Esta objeción procesal sirvió de vehículo para expresar el descontento de fondo.
- Divergencias Geopolíticas e Ideológicas: El contenido del documento cruzó múltiples «líneas rojas» para la administración Milei.
- Conflicto en Medio Oriente: argentina rechazó el lenguaje utilizado para abordar la situación en Israel y Palestina, calificándolo de «enfoque parcial» que omitía las causas estructurales y el contexto de seguridad regional, alineándose así con la postura más dura de defensa a Israel.
- Agenda Globalista: la declaración incluía compromisos vinculados a la Agenda 2030, la igualdad de género y el empoderamiento femenino, así como mecanismos de redistribución para la acción climática. La Cancillería argentina, siguiendo instrucciones directas de la Casa Rosada, se negó a validar conceptos que el gobierno considera parte de una agenda «woke» que atenta contra la soberanía nacional y la libertad económica.
La soledad argentina en Johannesburgo no fue menor y se sintió en los pasillos del G20. Incluso Estados Unidos, que bajo la administración Trump mantiene una postura crítica hacia los organismos multilaterales y boicoteó la asistencia presidencial, no bloqueó formalmente la declaración a través de su representación diplomática de bajo nivel. Esto dejó a Argentina en una posición compleja, asumiendo el costo político de ser el único disidente global.
Según fuentes consultadas, la postura argentina fue recibida con frialdad y sorpresa por socios clave como Brasil y China. El portavoz del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa expresó su desconcierto ante la ruptura de acuerdos que ya habían negociado previamente. Analistas geopolíticos interpretan este movimiento no como un error de cálculo, sino como una inversión. Al aislarse por defender posturas afines a las de Trump, Milei busca demostrar que Argentina es un aliado confiable y dispuesto a asumir costos por la causa común, esperando que esta lealtad se traduzca en protección financiera ante las necesidades actuales de dólares.
El «Salvavidas» Financiero
El eje central de esta relación es el paquete de asistencia financiera de la administración Trump para Argentina. Por un lado, el Swap de Monedas (Tesoro de EE. UU.) de 20.000 millones de dólares directos para fortalecer las reservas del Banco Central y sostener el peso, que ya fue parcialmente utilizado. Y, por otro lado, un nuevo financiamiento gestionado por bancos privados.
Inicialmente, trascendidos y declaraciones de funcionarios sugerían un paquete de financiamiento adicional por USD 20.000 millones, que sería articulado a través de bancos privados y fondos soberanos con el respaldo político de Washington. Sin embargo, pasada la quincena de noviembre, este escenario cambió. Reportes de medios financieros internacionales, como el Wall Street Journal, señalaron que los bancos privados habrían archivado ese plan original, reduciendo las expectativas a una posible operación de “repo” por un monto mucho menor (cercano a los USD 5.000 millones) para cubrir vencimientos inmediatos. En estos días seguramente habría novedades.
La alianza política con Trump enfrenta su prueba de fuego en el terreno comercial. La decisión del gobierno estadounidense de otorgar este paquete de ayuda ha generado una reacción en el Heartland agrícola de Estados Unidos.
El otro hito alcanzado entre Trump y Mieli es el Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproca, anunciado a mediados de noviembre de 2025. Se define más como una realineación estratégica geopolítica que como un tratado de libre comercio tradicional. Sus ejes centrales son la cooperación para facilitar la inversión en minerales críticos, especialmente el litio, y la estabilización del comercio mundial de soja, respondiendo al interés de Washington de asegurar cadenas de suministro frente a la competencia china. Un componente técnico decisivo es la eliminación de barreras no arancelarias, lo que implica que Argentina aceptará productos estadounidenses que cumplan con normas de EE.UU. (como certificaciones de la FDA) sin requerir evaluaciones de conformidad locales adicionales como las del SENASA, además de comprometerse a fortalecer las normas de propiedad intelectual y facilitar el flujo transfronterizo de datos.
Las repercusiones de este acuerdo proyectan una «reprimarización» de la economía con ganadores y perdedores. Beneficiará principalmente a sectores de recursos naturales y economías regionales —como el acero, aluminio, vino y carnes— que accederán al mercado estadounidense con aranceles reducidos. En contrapartida, representa una amenaza para las PyMes industriales (textiles, metalmecánicas, farmacéuticas) que deberán competir con productos importados ingresados bajo ventajas regulatorias. A nivel regional, la firma bilateral genera una crisis inmediata con el Mercosur, ya que desafía los estatutos del bloque que exigen negociaciones conjuntas, poniendo en riesgo el principal mercado de exportación para la industria manufacturera argentina.
Por su lado, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aprovechó la plataforma de la cumbre del G20 en Sudáfrica para confirmar un Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea que posiblemente se firme el próximo en diciembre en Brasilia. Este anuncio es un avance de más de 25 años de complejas negociaciones y busca concretar la creación de una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, que abarcaría a más de 700 millones de personas. La elección de la fecha no es casual: busca sellar el pacto antes de que finalice la presidencia pro tempore de Brasil en el bloque sudamericano, capitalizando el impulso político de Lula para cerrar este capítulo histórico.
Aunque la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, respalda firmemente la firma, persiste una fuerte resistencia por parte de Francia, cuyo sector agrícola teme la competencia sudamericana. A nivel regional, la iniciativa brasileña desafía la postura del gobierno argentino de Javier Milei, que se ha mostrado escéptico hacia el bloque y prioriza su alineamiento bilateral con Estados Unidos.
Por último, este acuerdo despierta una alerta a las PyMEs manufactureras. Al igual que el acuerdo con EEUU, los sectores primarios tienen ventajas y podrían ser los más beneficiados. En cambio, las PyMEs de sectores sensibles como autopartes, maquinaria, química, textil y calzado enfrentarán una competencia muy dura de productos europeos que ingresarán sin aranceles. La diferencia con el acuerdo de EEUU es que el acuerdo Mercosur /UE plantea plazos de desgravación de hasta 10 o 15 años para adaptarse. Las PyMEs industriales que no logren mejorar su competitividad o reconvertirse podrían perder cuota de mercado frente a importaciones de alta calidad.
Nuevo marco de paz para Ucrania
El mes de noviembre trajo novedades significativas en el conflicto ruso-ucraniano, con implicancias directas para los mercados de commodities que son vitales para la economía argentina.
Estados Unidos y Rusia han avanzado en la delineación de un «marco de paz refinado» que busca poner fin a las hostilidades. Tras reuniones de alto nivel en Ginebra, se ha filtrado una propuesta que reduce las exigencias originales de 28 a 19 puntos, buscando un compromiso pragmático.
Puntos clave del acuerdo:
- Congelamiento Territorial: reconocimiento de facto (aunque no de jure por parte de Ucrania) de las líneas de frente actuales, consolidando el control ruso sobre Crimea y partes del Donbás.
- Neutralidad Ucraniana: suspensión de la adhesión de Ucrania a la OTAN, a cambio de garantías de seguridad bilaterales y una vía libre para su integración en la Unión Europea.
- Reintegración Rusa: hoja de ruta para el levantamiento progresivo de sanciones y el retorno de Rusia al G8 y a los mercados energéticos globales.
La perspectiva de un acuerdo de paz ha tenido un efecto inmediato y bajista en los mercados:
- Petróleo: los precios del crudo WTI cayeron hacia la zona de los 57-58 dólares por barril en noviembre, presionados por la expectativa de que el petróleo ruso sancionado vuelva a fluir libremente al mercado global, exacerbando una situación de sobreoferta prevista para 2026.
- Granos: la normalización de los flujos comerciales en el Mar Negro amenaza con inundar el mercado de trigo y fertilizantes rusos y ucranianos a precios competitivos. Esto genera volatilidad y presión a la baja sobre los precios de los granos argentinos, que ya enfrentan un escenario de precios deprimidos por la supercosecha en el hemisferio norte y Brasil.
Variables financieras: el «rally» de la confianza
El respaldo político de Estados Unidos y la disciplina fiscal interna han provocado un rally histórico en los activos argentinos durante noviembre.
El índice EMBI+ de JP Morgan (Riesgo País) se desplomó alcanzando mínimos no vistos desde principios de 2024.

Títulos como el Global 2030 y 2035 experimentaron subas importantes los días posteriores a los anuncios de salvataje realizado por el Tesoro de EEUU.
Este clima financiero, de sostenerse, permitirá al gobierno empezar a perfilar una salida al mercado internacional de crédito para 2026, reduciendo la dependencia exclusiva de los organismos multilaterales.
Complejo agroexportador: precios y clima
El agro enfrenta un escenario mixto de buenas condiciones productivas pero precios internacionales deprimidos:
Los precios en Chicago y el FOB argentino de la soja han mostrado debilidad, cotizando en torno a los 402dólares/tn hacia finales de noviembre. La «prima de guerra» se disipa ante las noticias de paz en Ucrania, mientras que China cancela compras en Argentina para redirigirlas a otros orígenes o presionar políticamente. Sin embargo, las lluvias recientes en la zona núcleo argentina han mejorado las perspectivas de siembra, estimándose una producción de soja de 47 millones de toneladas para la campaña 2024/25.
El maíz muestra una mayor resiliencia, con precios FOB en torno a los 180 dólares/tn. La producción proyectada alcanza un récord de 61 millones de toneladas, lo que podría compensar parcialmente la caída de precios con mayor volumen.
El sector del litio ofreció la sorpresa positiva del mes. Tras una caída prolongada, los precios del carbonato de litio experimentaron un fuerte rebote en noviembre, impulsados por la demanda de China y restricciones de oferta.El repunte de precios mejora la rentabilidad de los proyectos en el NOA (Noroeste Argentino) y valida la estrategia de inversión a largo plazo en el sector, consolidando a Argentina como un proveedor clave fuera de la órbita geopolítica china directa, algo que Estados Unidos valora estratégicamente.
El sector hidrocarburífero, centrado en Vaca Muerta, enfrenta la volatilidad del mercado global. El precio del barril WTI cayó a u$s 57-58 a finales de noviembre. Si bien esto reduce el valor de las exportaciones proyectadas, la eficiencia de costos en Vaca Muerta (con breakevens por debajo de los 40 dólares) permite mantener la actividad. No obstante, la caída del precio internacional pone un techo a la recaudación de regalías provinciales y a la entrada de divisas.