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Informe industria & comercio mensual – Enero 2026

by Apliconomy
9 febrero, 2026
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Informe industria & comercio mensual – Enero 2026
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Resumen ejecutivo

Enero de 2026 consolidó un escenario de dualidad: la macroeconomía muestra señales de orden (superávits, brecha baja, reservas en aumento), mientras que en la economía real —especialmente en PyMEs orientadas al mercado interno— persisten fricciones vinculadas a costos en dólares, demanda débil y mayor presión competitiva por importaciones. En términos de gestión empresarial, el punto central no es elegir entre “optimismo” o “pesimismo”, sino entender que la estabilidad financiera no se traduce automáticamente en recuperación comercial.

La narrativa de la «estabilización» es innegable en las variables financieras. El riesgo país bajó y perforó los 500 puntos básicos y una brecha cambiaria comprimida por debajo del 5% son activos del programa económico del gobierno. Sin embargo, para el industrial de San Martín o el comerciante de Río Cuarto, enero trajo consigo el desafío de operar bajo un nuevo régimen monetario —el sistema de bandas cambiarias que reemplazó al crawling peg fijo— y la confirmación de que la desinflación ha encontrado un «hueso» difícil de roer en la zona del 2,5% mensual.

La inflación de enero, estimada en alrededor del 2,8% (con metodología de medición no actualizada), muestra que la inercia de los servicios y los precios regulados (tarifas, transporte) impone un piso técnico y que los costos acumulados comenzaron a pasarse a los precios, a pesar del consumo disminuído. Además, la renuncia de Marco Lavagna al INDEC y la postergación del cambio de metodología del IPC han inyectado una dosis de ruido institucional innecesario, elevando la prima de riesgo inflacionario justo cuando las expectativas necesitaban anclarse.

Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado publicado por el BCRA la inflación anual para este año estará alrededor de 22,4%. Sin embargo, todo indica que va a ser superior, alrededor del 30%. Para el primer trimestre, no hay probabilidades de una convergencia rápida al 1% mensual prometido, sino una persistencia en el rango del 2,2% al 3%. Esto obliga a las PyMEs a presupuestar costos con una nominalidad más alta de la que sugiere el discurso político. 

La acumulación de más de USD 1.100 millones de reservas en enero consolida la solidez del programa. Todo apunta a que el Gobierno podrá renovar los vencimientos inminentes mediante ingeniería financiera, alejando el fantasma del default. El desafío reside en mantener la brecha baja para incentivar la participación bancaria, una estrategia que conlleva tasas de interés elevadas y la persistencia del ‘carry trade’.

Mirando hacia afuera, el riesgo de conflictos globales con impacto en el mercado de divisas está en ascenso. Una escalada comercial o militar de mediana escala no pasaría inadvertida para el país. En definitiva, el frente externo se perfila como un factor de incertidumbre que podría desafiar la calma financiera lograda.

Para profundizar en el escenario global, consultá nuestro Informe de Contexto Internacional de Enero 2026.

Recomendaciones

En función del diagnóstico de «estabilización macro con fricción micro», y ante la confirmación del nuevo régimen cambiario y fiscal, presentamos las siguientes recomendaciones para las PyMEs.

El escenario de tasas de interés reales levemente positivas o neutras (Tasa Badlar/TAMAR en 31,8% TNA vs Inflación proyectada 30%) cambia la lógica de financiamiento respecto a los años 2024 y 2025.

Con una inflación mensual proyectada en torno al 2,8%, la época de la licuación de pasivos ha terminado. Si bien la tasa de referencia mayorista (TEM) se ubica en el 2,6%, el costo real de financiamiento para una PyME (tasa activa + spread) oscila entre el 3,5% y el 4,5% mensual. Esto genera un escenario de tasas reales positivas: endeudarse cuesta más que lo que aumenta la mercadería. Por ello, la estrategia de apalancamiento para sobrestockearse hoy destruye rentabilidad. El financiamiento bancario debe limitarse estrictamente a capital de trabajo de rotación rápida (30 días); financiar stocks inmovilizados a estas tasas es pagar para perder.

Si su empresa genera excedentes transitorios de caja, la tasa en pesos (Lecaps cortas, Fondos T+1) está rindiendo por encima del deslizamiento del dólar oficial (bandas). Mantenga una posición en pesos a tasa para cubrir gastos corrientes, pero no descuide una cobertura en dólares (o instrumentos dollar linked) para obligaciones de mediano plazo.

La reglamentación del régimen de inocencia fiscal permite regularizar activos sin penalidad para montos menores. Si tiene pasivos costosos o necesita fondear una inversión, utilice la ventana de la Ley de Inocencia Fiscal para inyectar capital propio «del colchón» a costo cero. 

Con las nuevas escalas de ARCA vigentes desde enero, verifique la recategorización de sus proveedores monotributistas. Un proveedor mal categorizado puede generar impugnaciones de crédito fiscal o gastos deducibles en su propia declaración de Ganancias.

Ante la persistencia del bajo consumo, es necesario continuar desarrollando o potenciando sus «segundas marcas» o líneas económicas. Si es comerciante, amplíe el surtido de estas opciones en la exhibición principal; hoy el consumidor no busca estatus, busca rendimiento del ingreso.

La suba del 15% en la canasta escolar golpeará el bolsillo en febrero y marzo. Si su rubro lo permite (indumentaria, calzado, librería, tecnología), lance promociones agresivas de «Vuelta al Cole» AHORA, ofreciendo financiación con Cuota Simple. El objetivo es capturar el cupo disponible de la tarjeta de crédito de las familias antes de que se sature con el pago de matrículas escolares.

Revise la incidencia del flete y de energía por unidad para decidir explícitamente si el aumento se traslada (total o parcial) o si se compensa con otros cambios. “Absorber para cuidar al cliente” puede ser válido, pero debe ser una decisión contable y no un reflejo: si se absorbe, se debe saber cuánto margen se resigna y por cuánto tiempo.

Estabilización macro con fricción micro

Panorama político y legislativo

El letargo estival de la política se romperá abruptamente en la segunda semana de febrero. La atención se centra en el tratamiento de la Reforma Laboral, cuyos ejes (sujetos a modificación) de debate son la creación del Fondo de Cese Laboral (opcional y por convenio), la extensión del período de prueba a 8 meses y la eliminación de las multas por deficiencia registral. Mientras la CGT y los gremios combativos preparan movilizaciones para el día de la sesión, el Gobierno apuesta a que la sanción sea una demostración de ‘gobernabilidad ofensiva’, capitalizando el triunfo legislativo de 2025.

Para la PyME, la reforma trae algunos alivios pero, si el consumo sigue bajo y las importaciones en aumento la discusión de la generación de nuevo empleo pasa a segundo plano. Más bien lo contrario, la prioridad será la optimización de la capacidad instalada actual. Sin una recuperación clara de la demanda interna que justifique ampliar el personal, la reforma laboral será vista apenas como un mecanismo para mitigar la contingencia legal, mientras que la verdadera decisión de inversión quedará supeditada a la reactivación del mercado doméstico.

El «cisne negro» institucional de enero fue la salida de Marco Lavagna del INDEC y la designación de Pedro Lines, en medio de la controversia por la postergación del cambio de metodología del IPC. Esto no es solo política; tiene impacto financiero directo. La incertidumbre sobre la medición de la inflación afecta los contratos ajustables por CER, los alquileres comerciales y las negociaciones paritarias, entre otros. Si el índice oficial pierde confianza, los sindicatos exigirán ajustes preventivos más altos al igual que el sector financiero, retroalimentando la inercia inflacionaria. Lo mismo con los alquileres y otros precios.

Política monetaria y cambiaria

Enero inauguró el sistema de Flotación Administrada con Bandas. La divisa cerró el mes en la zona de $1.470. La depreciación mensual fue del 1% manteniéndose por debajo de la inflación. Esto profundiza, mes a mes, la apreciación cambiaria real.

El mercado, a través del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el BCRA proyecta un tipo de cambio de $1.750 para diciembre de 2026, lo que implica una devaluación anual del 21%, alineada con la inflación esperada. Este escenario, “sin salto discreto” depende de que se sostengan las reservas, que la brecha continúe contenida y que haya coordinación de expectativas entre todos los agentes. Por otra parte, la inflación de enero/febrero se espera que sea más alta, lo que tensiona el atraso real si el tipo de cambio se mueve por debajo del IPC.

La brecha cambiaria se sostiene baja, apoyada por el esquema vigente para exportaciones y por una mayor demanda estacional de pesos. Las reservas crecieron cerca de USD 1.100 millones en enero, en gran medida por compras del BCRA, lo que mejora el margen de maniobra para contener saltos de volatilidad hasta el ingreso de divisas de la cosecha gruesa (abril). El escenario central supone una revisión del FMI sin sobresaltos; sin embargo, cambios en las condiciones del acuerdo o episodios de incertidumbre institucional podrían elevar la inestabilidad y obligar a recalibrar proyecciones para el segundo trimestre.

Las tasas de referencia, el Badlar y el TAMAR se ubican en torno al 31,2% TNA y 32,9% TNA respectivamente en enero. Si bien, nominalmente parecen bajas, la tasa efectiva mensual (2,6%) compite mano a mano con la inflación. El crédito comercial muestra signos de reactivación tímida para los próximos meses. El dato alarmante proviene de las familias y el aumento de la morosidad.

La morosidad en el crédito al consumo de los hogares ha escalado a niveles históricamente altos para Argentina. Un dato alarmante es el ratio de irregularidad en las tarjetas de crédito, que prácticamente se ha triplicado desde enero de 2024, una tendencia que se replica de forma similar en los préstamos personales.

En el ámbito corporativo, la cadena de pagos muestra señales de tensión creciente. El comercio y la industria son los sectores que lideran el aumento de la morosidad, afectados por la combinación de ventas deprimidas y costos operativos al alza. Esta situación se refleja nítidamente en el ratio de cheques. Según el BCRA, el ratio de cheques rechazados por falta de fondos sobre el total compensado se incrementó levemente en el mes. El indicador se ubicó en 2% para las cantidades y en 1,47% para los montos. Ambos indicadores se situaron por encima de los niveles del año previo. Esta ruptura en la cadena de pagos obliga a las empresas a extremar la cautela en la gestión de créditos comerciales y a priorizar la liquidez sobre la expansión.

El consumidor comienza a mostrar señales de sobreendeudamiento tras haber financiado sus gastos con tarjeta durante 2025. Esto impone un límite estricto: aunque los salarios reales mejoren levemente, esa mejora se destinará a bajar la deuda de la tarjeta antes que a nuevos consumos, postergando la reactivación de las ventas.

Actividad económica

La actividad muestra una recuperación heterogénea, confirmando la forma de «K» donde algunos sectores crecen y otros siguen en recesión.

Los datos de noviembre de 2025 del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC y las proyecciones de enero de 2026 revelan una interrupción significativa en la tendencia de recuperación que se había sostenido durante parte del año anterior. Específicamente, en noviembre de 2025, el EMAE registró una caída del 0,3% en la comparación interanual, rompiendo una racha de varios meses de variaciones positivas. Este retroceso no es un evento aislado, sino que refleja un agotamiento del modelo de recuperación por rebote estadístico frente a una realidad de costos fijos crecientes y demanda interna estancada.

En términos desestacionalizados, la actividad económica también mostró una disminución del 0,3% respecto al mes anterior, lo que confirma que la economía ingresó en una meseta. Este fenómeno se manifiesta en una dinámica sectorial heterogénea. Mientras sectores vinculados a la exportación de recursos naturales y energía mantienen tasas de crecimiento positivas, los sectores dependientes del mercado interno, como la industria manufacturera y el comercio, han entrado en terreno contractivo. La industria manufacturera, en particular, sufrió un retroceso interanual del 8,2% en noviembre de 2025, mientras que el comercio mayorista y minorista experimentó una baja del 6,4%.

La capacidad instalada en la industria (UCII) operó a tan solo el 57,7% de su capacidad en noviembre de 2025. Este valor representa una caída respecto al 62,3% registrado en el mismo mes del año anterior, marcando el nivel de actividad fabril más bajo desde marzo de 2025. Esta subutilización de la infraestructura productiva es el reflejo directo de una demanda interna que no reacciona y de una competencia creciente por parte de productos importados en rubros sensibles.

La disparidad entre los bloques sectoriales revela una economía que opera a dos velocidades. Mientras que la refinación del petróleo lidera la utilización con un 87%, gracias al dinamismo de Vaca Muerta y el sector energético, otros sectores clave para el empleo y el entramado PyME muestran niveles bajos. El sector textil, por ejemplo, operó a apenas el 29,2% de su capacidad instalada, lo que constituye un mínimo histórico para el sector y evidencia el impacto de la apertura comercial y la caída del poder adquisitivo en bienes no esenciales.

Esta subutilización estructural de la planta productiva tiene consecuencias directas sobre la estructura de costos de las empresas. Una PyME metalmecánica que opera entre 40% y 55%  de su capacidad ve cómo el peso de los costos fijos, especialmente los servicios públicos y las tasas municipales, se diluye en menos unidades producidas, elevando el costo unitario por encima del precio de equilibrio del mercado. 

La profundidad de la caída en la industria manufacturera y el comercio es un síntoma de la pérdida de competitividad de las estructuras de costos locales en un contexto de apreciación cambiaria real. El acumulado del año respecto al acumulado de igual período del año anterior del EMAE muestran que, si bien en noviembre se mantuvo en terreno positivo (+4,5%), esta cifra representa una desaceleración notable frente al 6,4% registrado en enero de 2025. 

De acuerdo con el reporte de CAME, la producción industrial PyME registró una contracción interanual del 6,8% en diciembre de 2025. Este resultado profundiza la tendencia negativa observada en el EMAE de noviembre, consolidando un escenario de enfriamiento para el sector manufacturero en el cierre del año. Lejos de un crecimiento de dos dígitos, la industria cerró el año en rojo. 

El acumulado de 2025 terminó en terreno negativo (-0,4%). La comparación intermensual también dio negativa (-0,3% vs noviembre).

Un factor de presión para el entramado PyME es la desaceleración de la obra privada de pequeña escala. Con un tipo de cambio relativamente estable y costos de insumos de construcción (cemento, acero y terminaciones) que crecieron en moneda dura (aunque estabilizados en diciembre), el costo de construcción por m² se ubica en niveles elevados. Luego de la devaluación en diciembre de 2024, el costo por m2 se ubicó en los 1.050 dólares. Hoy se ubica en los 1.334,25 dólares. Algo menos que noviembre pero lejos de los valores del 2024.
Esto reduce la viabilidad de proyectos de refacción y ampliación —tradicionalmente impulsados por hogares de ingresos medios (“construcción hormiga”)— y se traduce en una menor demanda para comercios vinculados a la cadena (corralones, ferreterías, vidrierías y pinturerías barriales), que registran caídas de ventas aún en un contexto de mayor estabilidad macrofinanciera.

Por otro lado, el consumo masivo no logra despegar. Las ventas de Reyes Magos, termómetro del primer mes del año, mostraron un crecimiento anémico del 0,5% interanual. Lo más grave no es el volumen, sino el valor. El ticket promedio cayó un 41,9% en términos reales según relevó la CAME. Esto significa que la gente compró la misma cantidad de regalos (o apenas más), pero gastó casi la mitad de dinero real en cada uno. Se privilegiaron artículos de muy bajo valor unitario.

El rubro indumentaria cayó un 2,5% en Reyes, siendo el más afectado. La ropa ha dejado de ser un bien de «regalo» para convertirse en una compra de reposición doméstica.

Las segundas y terceras marcas (marcas blancas y propias de supermercados) ya representan una parte importante y se estima que aumentó su consumo más del 30% que hace dos años. Esto ya no es una táctica defensiva coyuntural de las familias; comienza ha convertirse en un hábito estructural. El consumidor ha probado la segunda marca, ha validado que la relación precio-calidad es aceptable. 

Tras algunos meses de desaceleración, la dinámica de precios muestra señales de repunte sobre todo la segunda parte del año pasado. Para enero se estima una inflación de 2,8% mensual, traccionada por los precios mayoristas de alimentos: aunque moderaron su ritmo respecto de noviembre, siguen avanzando por encima del IPC y presionan al nivel general.

En diciembre, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró una aceleración que, sumada a los ajustes pendientes en los cuadros tarifarios de servicios públicos, impone una fuerte resistencia a la baja del IPC. Este escenario de presión por el lado de los costos dificulta que la inflación minorista logre perforar el piso del 2,5% mensual en el corto plazo.

Enero y febrero también traen otros aumentos. En logística, FADEEAC reportó un alza de costos del transporte del 2,08% en enero. Este número es un piso, ya que no contempla plenamente los ajustes de combustibles y peajes de febrero. La quita de subsidios para comercios e industrias en el AMBA y la nueva segmentación residencial implican que la factura de luz y gas dejará de ser un costo fijo manejable para convertirse en una variable crítica. Las industrias energointensivas (plástico, vidrio, metalúrgica) verán comprimidos sus márgenes brutos.

Expectativas 

El escenario de expectativas para 2026 muestra una divergencia entre la percepción ciudadana y los objetivos oficiales. Según la Encuesta de Expectativas de Inflación (EI) elaborada por el Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT, la inflación esperada por los argentinos para los próximos doce meses se ubicó en un promedio del 31,5% en enero de 2026. Este dato difiere con REM que al BCRA que la ubica en 22,4.  

Si bien, la cifra de EI representa una desaceleración respecto a las mediciones de 2025, todavía se sitúa muy por encima del 20,5% proyectado por el Gobierno en el presupuesto. Para el mes de enero específicamente, la UTDT relevó una expectativa de inflación del 3,71%, lo que contrasta con el objetivo oficial de acercarse al 2%.

Por otro lado, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) registró un incremento del 2,2% en enero respecto a diciembre de 2025. Este repunte es heterogéneo: mientras que en el interior del país y en los sectores de menores recursos la confianza subió un 3,32%, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) se registró una caída del 1,48%. Complementariamente, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) inició el año con una caída del 2,8%, situándose en 2,40 puntos, apenas por debajo del promedio de la gestión actual. Este ligero pesimismo institucional convive con un crecimiento del 1,24% en el Índice Líder (IL) de diciembre, lo que sugiere que, pese a las fricciones, ciertos indicadores de mediano plazo mantienen una inercia positiva.

Los informes del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) aportan una dimensión crítica sobre el bienestar social en el inicio de 2026. Según el ODSA, si bien la pobreza y la indigencia mostraron una baja en 2025 respecto al pico del año anterior, la pobreza se situó en el 36,3%, advirtiendo sobre la persistencia de un «núcleo duro de exclusión estructural». El informe subraya que la mejora en los ingresos podría estar «sobreestimada» debido al cambio en la proporción de gastos fijos (tarifas y servicios) que reduce la capacidad real de consumo de los hogares. Este fenómeno convalida el reclamo de sectores de la oposición sobre la necesidad de actualizar la metodología de cálculo del IPC por parte del INDEC, argumentando que la estructura de consumo actual difiere significativamente de la ponderación vigente.

Un indicador positivo es el Índice de Incertidumbre Económica de la UCA, que en enero de 2026 se ubicó por debajo de los 50 puntos, retornando a niveles preelectorales. No obstante, el «estrés financiero» percibido sigue siendo elevado: el 46,8% de la población manifiesta insuficiencia de ingresos para cubrir sus necesidades básicas. 

Implicancias concretas para las PyME

Para las PyME, el contexto actual redefine prioridades y criterios de decisión. La primera implicancia relevante es que el tipo de cambio deja de ser el principal factor de incertidumbre de corto plazo. Con una brecha mínima y un sendero de ajuste previsible, el costo de reposición de insumos importados y bienes de capital se vuelve más calculable. Esto reduce la necesidad de estrategias defensivas basadas en cobertura cambiaria y habilita una planificación financiera más convencional.

Sin embargo, esta previsibilidad cambiaria se combina con una presión creciente sobre los márgenes, derivada de tres factores simultáneos: demanda interna débil, competencia de importaciones en un contexto de apertura comercial y persistencia de costos que no desaceleran al mismo ritmo que el IPC. En este marco, trasladar aumentos de costos a precios finales resulta cada vez más difícil, especialmente en sectores vinculados al consumo masivo.

En materia financiera, si bien las tasas nominales han descendido, el crédito sigue siendo caro y altamente selectivo. El acceso está concentrado en empresas con balances sólidos, bajo nivel de endeudamiento y vinculación con sectores dinámicos. Para la PyME promedio, el problema no es solo la tasa, sino la falta de rentabilidad esperada que justifique tomar crédito. En consecuencia, la autofinanciación y la gestión del capital de trabajo continúan siendo ejes centrales.

Desde el punto de vista operativo, el escenario favorece a las empresas que logren ganancias de productividad internas: reducción de costos logísticos, mejora en procesos, renegociación de contratos y optimización de stocks. La macro deja menos margen para “errores de gestión” compensados por inflación o devaluación.

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