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Informe industria & comercio mensual – Noviembre 2025

by Apliconomy
12 diciembre, 2025
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Informe industria & comercio mensual – Noviembre 2025
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Resumen Ejecutivo

El mes de noviembre de 2025 se ha consolidado como un período de validación política y financiera para el programa económico del gobierno, tras el resultado de las elecciones legislativas de octubre. La victoria del oficialismo actuó como un catalizador de expectativas, comprimiendo el Riesgo País y reduciendo la brecha cambiaria a mínimos históricos. Sin embargo, esta euforia en los mercados de capitales contrasta con la realidad operativa de la economía real, donde las PyMEs continúan navegando un mercado interno en contracción y una estructura de costos que, medida en moneda dura, se ha encarecido, con un creciente volumen de importaciones que se han abaratado.

La estabilización macroeconómica, sostenida por el ancla fiscal y cambiaria, ha logrado contener la nominalidad, pero aún no consigue reactivar los motores del consumo masivo ni de la industria manufacturera de manera generalizada. Si bien existen «brotes verdes» en sectores extractivos (minería, petróleo) y en el agro —beneficiado por una mejora en los precios internacionales de la soja y el trigo—, el efecto derrame hacia el entramado PyME es lento y heterogéneo.

Los indicadores de noviembre confirman esta dualidad. Por un lado, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Torcuato Di Tella rebotó un 8,8%, recuperando niveles previos a la crisis de agosto, impulsada por la percepción de estabilidad. Por otro lado, la producción industrial PyME, según la CAME, registró en octubre una caída interanual del 3,2%, acumulando seis meses de retroceso. El consumo minorista, a pesar del estímulo puntual del CyberMonday, cayó de manera interanual en noviembre, evidenciando que el poder de compra de los salarios aún corre por detrás de la recuperación de los precios relativos.

En el frente de precios, la desinflación parece haber encontrado un «piso técnico» difícil de perforar en el corto plazo. Se estima que el IPC de diciembre se ubicará nuevamente alrededor del 2,3%, presionado por el descongelamiento de tarifas, combustibles y una aceleración estacional en el precio de la carne vacuna y otros alimentos. Este nivel de inflación continúa apreciando el tipo de cambio real, ya que el techo superior de la banda evoluciona incrementándose en 1% mientras la inflación ha sido superior, erosionando la competitividad de las empresas locales frente a las importaciones, en un contexto de mayor apertura comercial.

El desafío central para las PyMEs entre el cierre de 2025 y el inicio de 2026 ya no es la supervivencia con inflación, sino la adaptación a un nuevo régimen económico de precios estables en dólares, competencia externa agresiva y un mercado interno que prioriza precio sobre marca. La gestión de la eficiencia operativa y la administración inteligente de la liquidez financiera —aprovechando la baja de tasas de interés— serán las claves de la sostenibilidad empresarial.

Recomendaciones

Considerando la transición desde un escenario de volatilidad nominal hacia uno de recesión con estabilidad cambiaria, se actualizan las recomendaciones tácticas y estratégicas para la toma de decisiones.

1. Gestión financiera y de liquidez: de la cobertura a la rentabilidad

La estrategia de «acumular stock como reserva de valor» ha dejado de ser efectiva. Con un dólar planchado y tasas de interés en pesos que comienzan a ser positivas en términos reales frente al dólar (carry trade), la inmovilización de capital en mercadería puede generar pérdidas financieras.

  • Aprovechamiento de la baja de tasas: la tasa Badlar en bancos privados ha descendido a la zona del 30% – 29% TNA. Es el momento de reestructurar pasivos costosos tomados a principios de año. Se recomienda migrar descubiertos en cuenta corriente hacia líneas de capital de trabajo a tasa fija o descuento de cheques, cuyas tasas se han acomodado a la baja.
  • Instrumentos de inversión: para los excedentes de caja transitorios, las cauciones bursátiles o los Fondos Comunes de Inversión (FCI) T+0 (Money Market) siguen siendo herramientas válidas, aunque rinden por debajo de la inflación. Si la empresa tiene capacidad de inmovilizar fondos por 30 días o más, las Lecaps o bonos CER cortos pueden ofrecer una mejor cobertura contra el IPC persistente alrededor del 2,3%.
  • Cobertura cambiaria: dado que la brecha cambiaria es mínima (inferior al 5%), el costo de «dolarizar» carteras es bajo. Se sugiere mantener en dólares solo la porción de liquidez estructural o la necesaria para pagos de importaciones futuras, maximizando el rendimiento en pesos del capital de trabajo operativo.

Estrategia comercial: volumen vs. margen

La elasticidad precio de la demanda es altísima. El consumidor castiga los aumentos no justificados y migra rápidamente a segundas marcas.

  • Política de precios: evitar los aumentos preventivos «por las dudas». La inflación mayorista de octubre fue del 1,08%, lo que indica una desaceleración de costos en puerta de fábrica. Trasladar ineficiencias al precio final resultará en pérdida de cuota de mercado.
  • Acciones comerciales agresivas: El éxito del CyberMonday en noviembre (con ventas por $639 mil millones) demostró que hay liquidez latente que solo se activa ante oportunidades reales de precio y financiación. Para la campaña de Navidad, se recomienda sacrificar margen unitario en pos de volumen, utilizando herramientas de financiación como «Cuota Simple» o promociones bancarias para traccionar ventas.
  • Fidelización del cliente: En un mercado recesivo, retener a un cliente es más barato que adquirir uno nuevo. Implemente acciones de marketing directo (email, WhatsApp) con su base de clientes actual, ofreciendo beneficios exclusivos o ventas anticipadas.

Eficiencia operativa y costos

La apreciación cambiaria y el aumento de tarifas energéticas presionan los márgenes.

  • Revisión de contratos: es vital renegociar contratos de alquileres y servicios que hayan quedado indexados con fórmulas de inflación pasada (ICL o IPC de principios de 2025). Utilice la estabilidad del dólar y la desaceleración inflacionaria actual como argumentos de negociación.
  • Gestión de inventarios «Just-in-Time»: migrar hacia un esquema de compras calzadas con la venta. El costo de oportunidad del dinero es alto y el riesgo de desvalorización de la mercadería por obsolescencia o falta de rotación es real.
  • Eficiencia energética: Ante los aumentos en luz y gas, audite el consumo energético de su planta o local. Pequeñas inversiones en iluminación LED o racionalización de uso de maquinaria pueden tener un impacto directo en el cuadro de resultados.

La dualidad del modelo: estabilidad financiera vs fragilidad productiva

Estabilidad financiera y tensión fiscal

Noviembre confirmó la estrategia oficial de priorizar el ordenamiento de las variables financieras y la reducción de la inflación, aun a costa de una actividad económica deprimida y una recaudación fiscal en baja.

Política fiscal y recaudación: luces amarillas

La sostenibilidad del superávit fiscal, piedra angular del programa económico, enfrenta un desafío creciente por el lado de los ingresos. La recaudación tributaria de noviembre alcanzó los $15,6 billones, lo que representa un aumento nominal del 19,7% interanual. Sin embargo, al descontar la inflación acumulada, la recaudación cayó un 8,7% en términos reales.

Este es el cuarto mes consecutivo de caída real en los ingresos del Estado. Las causas son múltiples:

Por un lado, se desplomaron un 69% real interanual los derechos de exportación (Retenciones). Esto se debe a que la suspensión temporal de retenciones implementada en septiembre provocó un adelantamiento masivo de liquidaciones ese mes, vaciando de operaciones a octubre y noviembre.

El impuesto PAIS, que fue eliminado, ha dejado un hueco fiscal que aún no se compensa con la recuperación de otros impuestos ligados a la actividad.

Por último, la caída en el consumo y la actividad industrial impacta directamente en la recaudación de IVA, el impuesto a las ganancias, el impuesto al cheque (débitos y créditos), y los aportes y contribuciones a la seguridad social.

Para mantener el «déficit cero» en diciembre, un mes estacionalmente difícil por el pago de aguinaldos y bonos, es posible que el gobierno nacional profundice el recorte del gasto público o postergar pagos a proveedores y contratistas (deuda flotante), lo que podría tensar la cadena de pagos en sectores dependientes del Estado (construcción pública, proveedores de salud, etc.).

Sector externo y reservas

La dinámica de las reservas internacionales del Banco Central (BCRA) mostró tensiones en noviembre, a pesar de la calma cambiaria.

El gobierno realizó un pago de USD 1.000 millones correspondiente a vencimientos del bono Bopreal (deuda comercial con importadores) utilizando reservas del BCRA.

La liquidación de divisas del complejo agroexportador en datos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), entidades que en conjunto representan cerca del 48% de las exportaciones totales del país, cayeron a USD 759,7 millones en noviembre. Esto implica una merma del 32% respecto a octubre y es uno de los registros más bajos para ese mes en siete años. En paralelo, la recaudación por derechos de exportación sufrió una contracción aún más pronunciada. Según un relevamiento del IARAF, los ingresos por este concepto cayeron un 69% en términos reales interanuales durante el mismo mes. Ambos datos reflejan, en gran medida, el ‘vacío’ de operaciones generado tras el masivo adelantamiento de liquidaciones ocurrido en septiembre, incentivado por un régimen cambiario y fiscal puntual.

Un dato positivo estructural es el cambio en la balanza energética, que ha pasado de deficitaria a superavitaria gracias a Vaca Muerta, reduciendo la necesidad de dólares para importación de energía que durante mucho tiempo también era una salida importante para las reservas. En el gráfico siguiente muestra la evolución de la balanza comercial del sector energético. Especialmente desde septiembre de 2024, el superávit comercial energético (barra roja oscura) comienza a tener un peso relativo importante en relación al saldo comercial (barra roja clara).

Política Monetaria y Cambiaria

El tipo de cambio oficial mayorista cerró noviembre en $1.475. El dato más relevante es la compresión de la brecha cambiaria, que se ubicó por debajo del 5%. El Dólar Blue cerró en $1.435 y los financieros (MEP/CCL) operaron con bajas, disminuyendo en promedio la brecha con respecto al oficial.

El BCRA implementó un agresivo ciclo de baja de tasas. La tasa Badlar promedio mensual de bancos privados se desplomó hasta ubicarse en torno al 29% – 30% TNA al cierre de noviembre.

Este nivel bajo de tasas de interés tiene un doble objetivo. Por un lado, busca reducir el déficit cuasifiscal del Banco Central al hacer que sus pasivos remunerados resulten menos onerosos. Pero fundamentalmente intenta abaratar el crédito en pesos para estimular el consumo y la inversión, actuando como impulsor de la actividad económica que no consigue despegar en la mayoría de los sectores. Sin embargo, esta política desalienta el ahorro tradicional en pesos al hacerlo menos atractivo frente a instrumentos indexados. Asimismo, el éxito de esta estrategia dependerá de que los actores económicos canalicen estas bajas tasas en créditos dirigidos al mercado interno y, que esa liquidez no se dirija a la demanda de dólares.

Una dinámica similar se observa en las tasas de interés por operaciones entre terceros a un día (repos), referencia clave para el mercado interbancario. El desplome de estas tasas reduce drásticamente el costo de fondeo de los bancos, dejándolos ante dos caminos: canalizar esa liquidez excedente hacia el crédito al consumo y la producción, o bien, volcar esos pesos al mercado cambiario, lo que ejercería presión sobre la cotización del dólar.

El sistema financiero argentino comienza a transitar una situación de mejora de liquidez y tasas a la baja. En los próximos meses se podrá evaluar si la demanda de crédito productivo despega producto de las mejoras en la confianza o no.

La política del BCRA de reducir la tasa de referencia ha impactado en el costo del dinero para las empresas. Como se mencionó, la tasa Badlar (plazos fijos mayoristas) cerró noviembre en alrededor del 30% TNA y la TAMAR (promedio de las tasas de interés de los préstamos entre bancos privados) en 31%. El financiamiento PyME a corto plazo (descuento de cheques, adelantos) se consigue a tasas del 38% – 45% TNA. Si se considera una inflación proyectada del 30% anual, las tasas reales son positivas pero moderadas. Bancos públicos como el BNA y el Provincia tienen líneas de inversión productiva (Línea 700, RePyme) con tasas y plazos a considerar.

A pesar de la mejora en las condiciones de oferta (tasas más bajas), el stock de préstamos en pesos al sector privado sigue estancado en términos reales. Las empresas están utilizando la liquidez para financiar el capital de trabajo (cubrir el ciclo de caja estirado por la recesión) más que para proyectos de inversión de largo plazo. La capacidad instalada ociosa del 40% en la industria actúa como un freno natural a la demanda de crédito para inversión.

El tipo de cambio real multilateral (ITCRM) se encuentra en niveles de apreciación, por debajo de los 120 puntos. Con el dólar oficial quieto en el techo de la banda y la inflación viajando al 2,3% (más la inflación internacional que es baja), Argentina se encarece en dólares mes a mes. Para las PyMEs industriales, esto significa una mayor presión competitiva de productos importados y mayores dificultades para exportar. La única vía para defender la rentabilidad en este esquema es el aumento de la productividad, ya que la vía de la devaluación no está en la agenda del gobierno.

Indicadores de actividad económica

La economía argentina transita una recuperación en forma de «K»: sectores vinculados a la exportación primaria, energía y finanzas muestran crecimiento, mientras que la industria manufacturera PyME y el comercio interno continúan en terreno negativo.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que publica el INDEC correspondientes a septiembre (publicados a fines de noviembre) mostraron un crecimiento del 0,5% desestacionalizado respecto a agosto y un alza interanual del 5,0%.

Sin embargo, al desagregar el dato, se observa la heterogeneidad. Los sectores que más crecieron fueron intermediación financiera (+39,7% i.a.) y actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (5,0% ia).
Por su parte, los sectores a la baja fueron la industria manufacturera que cayó un 1,0% interanual y el comercio mayorista y minorista también mostró signos negativos. Estos dos sectores son los mayores generadores de empleo privado.

El relevamiento de CAME sobre la industria PyMEs del sector muestra una realidad más cruda que el promedio general del EMAE. Según la Cámara, la industria PyME cayó un 5,2% interanual en septiembre y 3,2 en octubre, acumula seis meses con descenso.

Respecto al uso de la capacidad instalada de las PyMEs, el índice del INDEC registró un incremento de 1,7 puntos porcentuales, logrando superar levemente el umbral del 60%. Este es el segundo mes consecutivo de crecimiento; un dato positivo, aunque el sector aún se mantiene distante de sus niveles operativos óptimos.

El crecimiento está siendo traccionado principalmente por la refinación de petróleo, la producción de alimentos y la industria automotriz.

Por el contrario, los sectores que persisten en terreno negativo son la industria metalmecánica (excluyendo al sector automotriz) y el rubro textil, entre otros.

Por su parte, el Índice de Producción Industrial (IPI) de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) —cuya serie ya incorpora datos de octubre, adelantándose a la publicación de septiembre del INDEC— arroja un panorama más pesimista. Tras el leve repunte observado en septiembre, la actividad volvió a contraerse en octubre. Lo preocupante es que se registran variaciones negativas tanto en la medición mensual como en la interanual, aun midiéndose en relación a una base de comparación baja (un año previo malo).

El sector de la construcción, gran dinamizador de las PyMEs proveedoras de materiales para el sector, sigue sin despegar. El Índice Construya (IC, elaborado por el Grupo Construya), que mide los volúmenes vendidos al sector privado, registró en octubre una baja mensual desestacionalizada del 2,21%.  Aunque en la comparación interanual muestra una suba del 10,1%, esto se debe a la bajísima base de comparación de finales de 2024. Los costos de construcción en dólares se han duplicado en el último año, lo que frena el inicio de nuevas obras privadas residenciales y remodelaciones

Por último, el sector automotriz presenta una dinámica compleja. Según ADEFA (Asociación de Fábricas de Automotores), durante el mes de octubre, la producción nacional experimentó un leve repunte mensual del 0,2%, aunque registró una caída interanual del 9,9%, manteniendo un saldo positivo acumulado del 2,8% en los primeros diez meses del año. En el frente externo, las exportaciones crecieron un 12,1% respecto a septiembre, pero retrocedieron un 17,6% frente al año anterior, acumulando una baja del 10,3% en 2025. Por último, las ventas a concesionarios mostraron una dinámica opuesta: cayeron un 17,4% mensual, pero lograron un incremento interanual del 2,7% y consolidaron una notable expansión acumulada del 55,4% en comparación con el mismo período de 2024. Esta caída mensual puede explicarse por el fin del efecto «blanqueo» (que impulsó compras de contado en septiembre/octubre) y la estacionalidad propia de fin de año, donde los compradores esperan a enero para patentar el modelo con el año nuevo.

Consumo: entre el CyberMonday y la cautela

El evento de comercio electrónico realizado a principios de noviembre fue un éxito en términos de facturación, alcanzando los $639.000 millones y movilizando más de 12 millones de productos. Este resultado confirma que existe una demanda latente («demanda reprimida») que solo se activa ante estímulos de precio agresivos y, fundamentalmente, opciones de financiación en cuotas fijas. No se trata de un consumo estructural robusto, sino de un consumo de oportunidad y anticipación de compras estacionales (Navidad, vacaciones), en parte fundado, en la pérdida de poder adquisitivo.

Confianza del Consumidor

Un indicador adelantado que trae optimismo es el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Torcuato Di Tella, que subió un 8,8% en noviembre, registrando un valor de 46,0 en el mes de noviembre (mediante encuesta realizada entre los días 1 al 13 de ese mes). La mejora en las expectativas se explica por la estabilidad del dólar y la percepción de que «lo peor ya pasó» tras el resultado electoral. Históricamente, una mejora sostenida en el ICC anticipa una recuperación del consumo con un rezago de 3 a 6 meses.

Por el lado de los precios, la batalla contra la inflación ha entrado en una fase de «resistencia». Tras lograr una rápida desaceleración, el IPC parece haberse estacionado en un rango del 2% – 2,5% mensual, difícil de perforar. Las estimaciones proyectan que la inflación de noviembre se ubicará entre el 2,2% y el 2,6% dependiendo del consumo.

Las razones son múltiples. En primer lugar, desde junio los precios mayoristas de los alimentos evolucionan por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Esta dinámica presiona al alza los valores minoristas en el rubro Alimentos y Bebidas, sector que, cabe recordar, posee la mayor ponderación en la conformación del índice general (IPC – INDEC).

Como se visualiza en el gráfico, las variaciones acumuladas a octubre convergen prácticamente en el mismo nivel. Asimismo, ambas se ubicaron por encima del piso del 2,3% mensual del IPC.

Una dinámica análoga se observa en el mercado de la carne. Desde el mes de mayo, la variación de los precios en el canal mayorista se ubica sistemáticamente por encima del IPC general.

Con estos datos, se consolida la proyección de un 2025 que cerrará con una inflación acumulada en torno al 31%. Si bien es un logro macroeconómico indudable, la «inflación en dólares» resultante sigue siendo un desafío para la competitividad de la economía.

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