En una jornada crítica para la estrategia del ministro Luis Caputo, la licitación del pasado miércoles 11 de febrero no solo fue un test de solvencia, sino que funcionó como el principal mecanismo de absorción de liquidez para intentar domar la inflación.
Para el universo de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs), este evento arroja un panorama de luces y sombras: por un lado, una baja nominal de tasas respecto del año anterior; por otro, un efecto de desplazamiento que sigue encareciendo el crédito productivo.
El Tesoro Nacional enfrentaba vencimientos cercanos a los $8 billones. La respuesta del mercado fue mayor, recibiendo ofertas por más de $11,5 billones, de los cuales se adjudicaron $9,02 billones. Esto resultó en un nivel de renovación (rollover) del 123,39%.
Esta maniobra evita presiones sobre los dólares, manteniendo el tipo de cambio mayorista en los niveles actuales. Como análisis, la escasa demanda de instrumentos dollar linked confirma que el mercado no espera un salto devaluatorio brusco en el corto plazo.
A pesar del éxito financiero, el Gobierno debió convalidar tasas nominales anuales que rozaron el 40%. Si comparamos esto con una inflación proyectada del 30% para los próximos 12 meses, el Estado está pagando una tasa real positiva de casi 10 puntos.
Esta tasa alta que ofrece el Tesoro genera un efecto de crowding out (desplazamiento): los bancos prefieren prestarle al Estado antes que financiar proyectos productivos, ya que el riesgo es menor y la rentabilidad es muy atractiva.
Mientras que las grandes empresas vinculadas al agro o la minería acceden a tasas del algo superiores al 30%, las PyMEs del mercado interno enfrentan tasas superiores al 40% debido al riesgo crediticio percibido en sectores afectados por la caída del consumo.
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) advierte que las ventas minoristas han sufrido caídas importantes, lo que dificulta a los comercios afrontar incluso tasas del 30% anual para pagar salarios o servicios. Además, la morosidad en el segmento de consumo ha alcanzado niveles récord.
La licitación de febrero fue una victoria táctica para el equilibrio financiero y la absorción de pesos para la baja de la inflación que subió en enero más de lo esperado. Sin embargo, la «estilización» implica una remonetización lenta. Para que una PyME pueda volver a invertir, el Gobierno apuesta a que la inflación perfore el 2% mensual, permitiendo que las tasas bajen y el crédito vuelva a fluir hacia la producción.