Resumen Ejecutivo
El inicio del año 2026 marca el principio de reconfiguración del programa económico del gobierno nacional, inaugurando la «Fase de Remonetización». Tras un cierre de 2025, donde se logró cierta estabilidad nominal y la consolidación del ancla fiscal, enero se presenta como el mes de la transición operativa hacia un nuevo régimen monetario y cambiario. Este cambio de paradigma, materializado el 15 de diciembre de 2025 con el anuncio del fin del crawling peg fijo del 1% y la adopción de un esquema de ajuste indexado a la inflación pasada (T-2), busca resolver la tensión acumulada entre la necesidad de anclar precios y la urgencia de recomponer la competitividad externa y las reservas internacionales.
El mes de enero estuvo signado signado por una confluencia de eventos de alto impacto que redefinen el tablero de riesgos y oportunidades para el empresariado PyME. En el plano internacional, la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, culminada con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, ha actuado como un «cisne negro» con efectos ambivalentes: por un lado, ha provocado una presión bajista sobre los precios del crudo que desafía la rentabilidad marginal de Vaca Muerta; por el otro, ha reforzado el alineamiento geopolítico de la Argentina con las potencias occidentales, consolidando el blindaje financiero que sostiene la caída del Riesgo País.
En la esfera doméstica, la macroeconomía exhibe una dualidad que exige una lectura sofisticada. Las variables financieras transitan un «verano» extendido: el Riesgo País ha perforado el piso psicológico y técnico de los 500 puntos básicos, situándose en la zona de 495-500 pbs, un nivel que no se observaba desde la previa de la crisis de 2018 y que teóricamente habilita el regreso al crédito voluntario. La brecha cambiaria, comprimida a un rango técnico del 0,9% al 3,5%, ha dejado de ser el principal factor de distorsión en la formación de precios, permitiendo una normalización en los flujos de comercio exterior.
No obstante, esta euforia financiera convive con una economía real que, si bien muestra signos de rebote estadístico en sectores puntuales, aún se encuentra en niveles bajos de actividad. La producción industrial PyME cerró el año pasado en terreno negativo. La actividad manufacturera registró una caída interanual del 6,8% en diciembre, terminando el 2025 con una retracción acumulada del 0,4% según la CAME, con la persistente debilidad del consumo masivo, evidenciada en una campaña de Reyes Magos que creció apenas 0,5% frente a la misma fecha de 2025, medida a precios constantes.
La inflación, estimada para enero en un rango del 2,2% al 2,6% confirma la existencia de un componente inercial resistente, impulsado por el reacomodamiento de alimentos, tarifas y servicios. Bajo el nuevo esquema T-2, esta inercia inflacionaria se traslada automáticamente al tipo de cambio futuro, generando un mecanismo de indexación que obligará a las PyMEs a afinar su ingeniería de costos para no perder competitividad frente a una presión importadora creciente. Por otra parte, el T-2, no sólo indexa el tipo de cambio, también coordina expectativas. Así, si la inflación no baja, el régimen se vuelve endógeno. El esquema T-2 reduce el riesgo de atraso cambiario, pero al costo de transformar a la inflación pasada en variable líder del sistema, limitando la velocidad de desinflación.
Competitividad en tensión: estabilidad de la macro vs. estancamiento de la micro
Contexto Internacional: geopolítica, energía y tasas
La inserción de Argentina en el mundo durante enero de 2026 no puede disociarse de dos vectores exógenos determinantes: la reconfiguración del mapa energético regional tras la caída del régimen chavista y la persistencia de tasas altas en el norte global.
En su primera reunión del año, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal decidió mantener la tasa de fondos federales en el rango de 3,50% – 3,75%. Esta pausa en el ciclo de recortes refleja la cautela de la autoridad monetaria estadounidense ante datos de empleo que, si bien se moderan, no muestran un colapso, y una inflación que converge lentamente a la meta.
Tradicionalmente, una Fed «hawkish» (tasas altas) succiona capitales de los mercados emergentes. Sin embargo, en enero de 2026, los activos argentinos mostraron un desacople positivo. Esto sugiere que el mercado está premiando los fundamentales propios del plan de estabilización (superávit fiscal y acumulación de reservas) por encima del clima global adverso.
Para más información ver: Informe contexto internacional – Enero 2026
Política monetaria y cambiaria: fase de remonetización
Enero de 2026 es el inicio operativo de la «Fase de Remonetización», el esquema diseñado por el equipo económico para transitar la salida del cepo y la normalización financiera.
El 15 de diciembre de 2025 marcó el final del esquema de crawling peg del 1% mensual que había funcionado como ancla nominal durante gran parte de la gestión inicial. A partir del 1 de enero, el Banco Central implementó el mecanismo de ajuste T-2. Bajo este sistema, la tasa de devaluación del tipo de cambio oficial (y el deslizamiento de las bandas de flotación) para un mes determinado se fija en función de la inflación registrada dos meses antes. La inflación de noviembre de 2025 fue de 2,5%, entonces la devaluación de enero de 2026 del dólar oficial se ajustó un 2,5% a lo largo del mes.El objetivo explícito de esta medida es evitar el atraso cambiario. Al indexar el dólar a la inflación pasada, el BCRA busca mantener estable el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM, índice BCRA, base 2017=100), que cerró enero en niveles de 94 puntos, mostrando una leve apreciación respecto a meses previos pero evitando la caída libre que generaba el peg del 1%.

La contrapartida de proteger la competitividad es la inercia. Si la inflación de un mes se acelera por factores estacionales o tarifarios, esa aceleración se traslada al dólar dos meses después, lo que a su vez presiona sobre los precios de los transables, creando un bucle de retroalimentación que dificulta bajar la inflación del rango del 2-3%.
Para 2026, la acumulación de reservas no es una meta más; es la condición sine qua non para la eventual unificación cambiaria. El objetivo trazado es acumular USD 10.000 millones netos para este año.
En este sendero, el BCRA tuvo un desempeño comprador destacado en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC). Se registraron compras por más de USD 1.150 millones en enero, un volumen significativo para un mes que estacionalmente no cuenta con el grueso de la cosecha. Las reservas brutas finalizaron el mes por encima de los USD 46.200 millones.

Aunque las reservas netas siguen en terreno negativo bajo la estricta métrica del FMI (estimadas en -USD 14.100 millones a diciembre de 2025), la tendencia de mejora es innegable y fundamental para sostener la confianza de los bonistas. Sin embargo, es importante destacar que la confianza del mercado descansa más en el flujo esperado que en el stock actual. Como señalamos en informes previos, la acumulación de reservas sigue siendo condición necesaria, pero no suficiente, para la unificación cambiaria.

El dato más elocuente de la estabilidad financiera es la compresión de la brecha cambiaria.

La brecha entre el dólar comercial y los diferentes tipos de cambio cerraron hacia la convergencia. Esto elimina los incentivos perversos de la economía bimonetaria (subfacturación/sobrefacturación) y reduce la expectativa de devaluación abrupta. Para la PyME, esto significa que el costo de reposición de insumos o mercadería importada es predecible y que la cobertura financiera deja de ser la única prioridad de la tesorería.
En el marco de la remonetización, el BCRA ha permitido una expansión controlada de la base monetaria, que alcanzó los $42,7 billones a finales de enero. Esto responde a una mayor demanda transaccional de pesos por parte del público y las empresas.

La tasa Badlar (plazos fijos mayoristas) cerró enero en niveles del 31% TNA. En términos efectivos mensuales, esto representa un rendimiento cercano al 2,5%, casi empatando con la inflación esperada y la devaluación del oficial (T-2), lo que mantiene el incentivo al ahorro en pesos sin generar una «bola de nieve» de pasivos remunerados. La contracara es el encarecimiento de los créditos.

En cuanto al crédito, si bien las tasas nominales han bajado, el costo financiero total para una PyME (descubiertos, descuento de cheques) sigue siendo positivo en términos reales. Todavía no hay señales de reactivación del crédito comercial y está concentrada en empresas con balances saneados y vinculadas a sectores dinámicos. En términos reales, el saldo de créditos al sector productivo cayó durante el mes de enero. Así, la restricción crediticia no es hoy monetaria sino económica: sin margen operativo, el crédito no se demanda. Se debe considerar que el crédito en los sectores productivos hoy no tracciona porque la rentabilidad esperada es baja, no sólo por tasas. Por otra parte, el sistema financiero tiene liquidez pero es selectivo, lo cual excluye a la PyME promedio.

Política Fiscal: columna vertebral del modelo
El superávit fiscal financiero de 2025 (0,2% del PBI) cimentó la credibilidad del gobierno. En enero de 2026, la gestión fiscal enfrentó el desafío de mantener esa disciplina en un contexto de caída real de la recaudación.
Los ingresos tributarios de enero totalizaron $18,33 billones, mostrando un crecimiento nominal del 22% interanual. Sin embargo, al descontar la inflación acumulada, esto representa una caída real del 7,6%. Este dato es una señal de alerta sobre el nivel de actividad y la sostenibilidad del ajuste. La recaudación de IVA mostró un comportamiento negativo en términos reales. En términos nominales, los ingresos crecieron 22%.
El IVA Aduanero cayó un 7,6% nominal, reflejando el desplome de las importaciones (tanto por volumen como por la baja de aranceles y la eliminación del Impuesto PAIS). Esto confirma que el consumo de bienes importados y la inversión en maquinaria extranjera siguen deprimidos y por ende, la industria nacional con poca probabilidad de crecimiento.
Los derechos de exportación cayeron un 21,7% interanual a pesar del aumento en las cantidades exportadas (trigo), la baja de las alícuotas de retenciones implementada en el paquete fiscal de 2025 y la caída de precios internacionales erosionaron la base imponible.
Ganancias mostró una suba nominal del 32,4%, sosteniendo parcialmente la recaudación gracias a la reposición de la cuarta categoría y los anticipos de grandes contribuyentes.
La caída real de la recaudación golpea directamente a las provincias, que vieron reducidos sus ingresos automáticos en un 8% real. Esto tensiona las cuentas subnacionales y podría derivar en un ajuste más severo del gasto provincial y municipal, afectando a las economías regionales.
El gobierno enfrentó en enero vencimientos de deuda en moneda extranjera (Globales y Bonares) por aproximadamente USD 4.300 millones.
Para honrar estos compromisos sin tocar las reservas líquidas del BCRA, el Tesoro implementó una operación de compra de divisas al Central utilizando el excedente de pesos del superávit fiscal 2025. Además, se concretó una operación de REPO con bancos internacionales por USD 3.000 millones, utilizando Bonares 2035 y 2038 como colateral.
El pago en tiempo y forma de estos vencimientos fue la prueba de fuego que el mercado esperaba. Al despejar el riesgo de default de corto plazo, se aceleró la compresión de spreads y la suba de los bonos, retroalimentando la baja del Riesgo País.

Inflación: la batalla del 2%
La lucha contra la inflación entró en una fase de «resistencia». Tras el éxito inicial de bajarla de dos dígitos, perforar el piso del 2% está demostrando ser una tarea ardua.
Para el mes de enero, la inflación se ubicaría en un rango del 2,2% al 2,6%. El dato oficial del INDEC se conocerá a mediados de febrero.
Los alimentos siguen mostrando aumentos por encima del IPC general. Entre ellos, alimentos y las carnes y estacionales (frutas/verduras) mostraron aceleración junto con industrias del sector que comienzan a trasladar costos energéticos para la producción a sus productos.

Los aumentos programados en transporte, luz y gas siguen aportando puntos al índice.
El dato de diciembre de los precios mayoristas, el nivel general, fue de 2,4%, que anticipa que los costos de producción no se están desacelerando tan rápido como los precios al consumidor.

Con el crawling peg ahora indexado (T-2), si la inflación no baja, el dólar sube al mismo ritmo, lo que a su vez retroalimenta la inflación de costos. Romper esta inercia requerirá que el ancla fiscal sea absoluta y que la recesión/apertura comercial disciplinen los márgenes de ganancia en el sector bienes. La meta del gobierno es estabilizar la inflación en torno al 2% mensual para todo 2026; lo que luce más como un objetivo aspiracional que como una meta consistente con los actuales mecanismos del programa. Más aún si se pone en marcha el nuevo Índice de Precios que cambia la metodología de medición.
El escenario macroeconómico de inicio de 2026 presenta una configuración poco habitual para la economía argentina: estabilidad financiera sin recuperación productiva significativa. La compresión del Riesgo País, la convergencia cambiaria y la moderación inflacionaria configuran un marco de previsibilidad nominal que no se traduce, al menos por ahora, en una mejora sustantiva de la actividad real, particularmente en el entramado PyME.
El nuevo esquema monetario-cambiario basado en el ajuste T-2 logra evitar un atraso cambiario pronunciado, pero introduce un mecanismo de indexación cruzada entre inflación y tipo de cambio que dificulta quebrar el piso inflacionario del 2–3% mensual. En este contexto, la política fiscal continúa siendo el principal ancla del programa: su sostenimiento es condición necesaria para preservar la estabilidad financiera, aunque no garantiza por sí misma una reactivación del mercado interno, por el contrario parece estar debilitándolo.
La economía ingresa así en una fase donde el ajuste macro parece haber alcanzado su punto más exigente, pero los beneficios microeconómicos aún no se materializan de forma generalizada. La normalización financiera convive con márgenes estrechos, demanda débil y un sistema crediticio selectivo, lo que obliga a las empresas a desplazar el foco desde la cobertura macro hacia la eficiencia operativa.
De cara a 2026, el principal riesgo (no el único) no es una crisis abrupta, sino un escenario de estancamiento prolongado con inflación moderada, en el que la estabilidad nominal no se traduzca en dinamismo productivo. La evolución de la inflación núcleo, la capacidad de acumulación de reservas y el comportamiento del consumo serán las variables críticas para determinar si este equilibrio es transitorio o persistente.