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Informe industria & comercio mensual – Octubre 2025 

by Apliconomy
7 noviembre, 2025
en Informes
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Informe industria & comercio mensual – Octubre 2025 
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Resumen Ejecutivo

Octubre de 2025 consolida una paradoja económica para la Argentina: una calma financiera frágil, sostenida por el alivio post-electoral y el respaldo externo anunciado, coexiste con bajos niveles de actividad en la economía real. El desafío central para las empresas ha pivotado de manera decisiva. La gestión de la inflación de costos, si bien sigue siendo relevante, ha sido desplazada por otra amenaza: la contracción de la demanda agregada. La estabilidad cambiaria lograda, aunque bienvenida, no ha logrado reactivar los motores de la producción y el consumo, que no muestran signos de recuperación significativos.

Los datos más recientes, publicados durante octubre, pintan un cuadro de marcada debilidad. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de agosto registró un modesto crecimiento interanual del 2.4%, una cifra que enmascara una realidad preocupante, ya que se compara contra una base muy deprimida de 2024 y muestra un estancamiento en la variación mensual (0.3% vs. julio). Los indicadores adelantados son aún más contundentes: el Índice Líder (IL) de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) asigna una probabilidad de recesión del 98%, un nivel casi categórico que anticipa una contracción sostenida en los próximos meses.

El sector industrial es el epicentro de esta debilidad. El Índice de Producción Industrial (IPI) Manufacturero se contrajo un 4.4% interanual en agosto, y la Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCII) se mantuvo en un anémico 59.4%, por debajo del umbral del 60% que se considera de equilibrio y que anticipa una inevitable caída en la inversión. En el frente de precios, la desaceleración de meses previos parece haber encontrado un piso. Aunque el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre fue de un contenido 2.1%, los precios mayoristas (IPIM) se aceleraron al 3.7%, impulsados por un salto del 9.0% en los productos importados, lo que augura renovadas presiones inflacionarias sobre la cadena de valor. Consultoras privadas ya proyectan una inflación para octubre superior a la de septiembre, traccionada por el rubro de alimentos.

El principal riesgo de corto plazo, por lo tanto, es doble: por un lado, la sostenibilidad de la estabilidad financiera, que depende de factores políticos y externos; por otro, la profundidad y duración de la contracción de la demanda interna. Para las PyMEs, el manual de operaciones debe centrarse en la preservación del capital, la gestión de la liquidez y la defensa de su cuota de mercado en un entorno cada vez más competitivo y restrictivo. Un dato positivo es que en los últimos días de octubre, el gobierno comenzó a inyectar más dinero al mercado, aumentando la base monetaria. Es probable que con estas medidas baje el precio del crédito (tasas a la baja) y se reactive el consumo. También es probable que se vuelquen al dólar y que el tipo de cambio continúe cerca del límite superior de la banda.

Recomendaciones

El escenario ha mutado desde la «calma precaria» descrita en el informe de septiembre hacia un entorno de recesión. Pasadas las elecciones, a finales de octubre, los actores económicos mostraron alivio y se esperan mejoras en lo que hace a la actividad económica. Las medidas tomadas durante los últimos días de octubre, como la inyección de liquidez, van a bajar las tasas de interés para préstamos, en un intento de reactivación del consumo y posiblemente continúe siendo la presión sobre el tipo de cambio oficial el desafío de la estabilidad del esquema cambiario.

Las siguientes recomendaciones tácticas buscan fortalecer la resiliencia de la empresa y prepararla para capitalizar las oportunidades ante una posible recuperación futura en el corto plazo.

  • Gestión financiera y de liquidez

En un contexto de contracción de la actividad y endurecimiento de las condiciones crediticias, la liquidez deja de ser una variable más para convertirse en el factor determinante de la supervivencia empresarial. El objetivo primordial es extender la autonomía financiera de la compañía el mayor tiempo posible, por lo menos hasta que el costo del crédito baje significativamente.

Radiografía de cobros y pagos: Es imperativo implementar un modelo de previsión de flujo de caja con una frecuencia alta, idealmente semanal o incluso diaria. Implica segmentar a los clientes no por su volumen de compra, sino por su comportamiento histórico de pago. Utilizando esta información, se deben establecer políticas de crédito diferenciadas y automatizar los recordatorios de vencimiento para minimizar los retrasos. Acelerar la Cobranza: Ofrecer descuentos por pronto pago. El costo financiero de un descuento atractivo es casi siempre inferior al costo de oportunidad del capital inmovilizado.

Gestionar Pagos: La relación con los proveedores estratégicos debe gestionarse como una alianza. Es fundamental contactarlos proactivamente para negociar extensiones en los plazos de pago, argumentando que es una medida necesaria para la sostenibilidad de toda la cadena de valor. Internamente, se debe crear un calendario de pagos que priorice rigurosamente las obligaciones críticas: salarios, cargas sociales, impuestos y proveedores indispensables para la continuidad operativa.

  • Política comercial y de precios

El principal problema económico dejó de ser la inflación de costos (aunque aumenten en septiembre y octubre) para convertirse en la caída de la demanda. Las políticas de precios y de gestión de inventarios deben adaptarse a esta nueva realidad.

Evitar aumentos preventivos: En un mercado que se contrae, cualquier aumento de precios no justificado por una mejora sustancial en la propuesta de valor actuará como un acelerador de la caída en los volúmenes de venta. Introducir versiones de productos o servicios más accesibles que permitan captar a un consumidor con menor poder adquisitivo.

Liquidación estratégica de inventario: El efectivo generado por esta liquidación libera recursos vitales y optimiza el capital de trabajo.

Operar «Just-in-Time»: Se debe minimizar la compra de nuevos insumos y mercaderías, alineando las adquisiciones lo más estrechamente posible con las órdenes de venta ya confirmadas. Este modelo reduce drásticamente el riesgo de acumular inventario no vendible y preserva el efectivo de la empresa.

  • Eficiencia de costos

La reducción de costos en una crisis no debe ser una «motosierra» que corte indiscriminadamente, sino un «bisturí» que elimine lo superfluo sin dañar las capacidades operativas esenciales del negocio.

Revisión de gastos fijos: Es el momento de someter a un escrutinio exhaustivo cada línea de gasto fijo del estado de resultados. Se deben renegociar todos los contratos posibles: alquileres, seguros, servicios de limpieza, suscripciones a software, honorarios profesionales, etc. Ningún gasto es demasiado pequeño para ser revisado. La baja actividad promueve que todos los actores económicos estén predispuestos para las promociones y rebajas.

Automatización de Procesos: La crisis puede ser un catalizador para la modernización. Invertir en herramientas de bajo costo para automatizar tareas repetitivas (facturación, seguimiento de cobranzas, procesos, gestión de datos, etc.) libera tiempo del equipo humano, que puede ser reasignado a funciones de mayor valor agregado.

Estrategia cambiaria: Mantener entre 20% y 40% de la liquidez en dólares, según la exposición a insumos importados, como cobertura ante un probable ajuste cambiario.

  • Foco comercial

En un mercado que se achica, intentar venderle a todo el mundo es la receta para el fracaso. El costo de adquirir un nuevo cliente se dispara, por lo que la estrategia más rentable es concentrar todos los esfuerzos en retener y profundizar la relación con la base de clientes existente.

Identificar el «núcleo duro»: Mediante un análisis de los datos de ventas, es fundamental identificar al porcentaje de los clientes que generan la mayor rentabilidad. Este es el activo más valioso de la empresa.

Reforzar la propuesta de valor: Se debe intensificar la comunicación y el nivel de servicio hacia este grupo central. Acciones como ofrecer beneficios exclusivos, acceso anticipado a nuevos productos, o un canal de soporte personalizado pueden fortalecer la lealtad y crear una barrera de salida frente a la competencia.

Buscar «bolsillos de resiliencia»: No todos los sectores de la economía se contraen al mismo ritmo. Es vital analizar qué segmentos de clientes o qué industrias muestran una mayor resistencia a la crisis. Por ejemplo, empresas vinculadas a la exportación (agro, minería, servicios del conocimiento) pueden tener un desempeño superior a aquellas dependientes exclusivamente del consumo interno. Los esfuerzos de marketing y desarrollo de negocio deben reorientarse hacia estos nichos más resilientes.

La implementación conjunta de estas medidas defensivas representa un pivote estratégico fundamental: el paso de una mentalidad de «crecimiento a toda costa» a una mentalidad de «resiliencia y eficiencia». La crisis obliga a una disciplina operativa que puede ser transformadora. Las empresas que aprovechen este período para reestructurarse, optimizar sus procesos y fortalecer su balance y su relación con los clientes no solo sobrevivirán a la recesión, sino que emergerán más ágiles, eficientes y con una ventaja competitiva decisiva para capitalizar la futura recuperación económica.

Navegando la incertidumbre electoral en un escenario recesivo

Indicadores de actividad económica: se confirma la fase recesiva

Los datos de actividad económica publicados en octubre, correspondientes principalmente a agosto y septiembre, confirman que la economía ha entrado en una fase de estancamiento con sesgos recesivos, particularmente en los sectores generadores de empleo.

El INDEC informó que el EMAE de agosto creció un 2,4% interanual y un 0,3% en la medición desestacionalizada respecto a julio. Sin embargo, esta lectura superficial es engañosa. El crecimiento interanual se explica por una base de comparación baja en agosto de 2024. Un dato más revelador es que el componente de tendencia-ciclo, que suaviza las fluctuaciones de corto plazo, registró una caída del -0,1%, indicando que la dirección subyacente de la economía es negativa. A pesar de la debilidad reciente, el acumulado de los primeros ocho meses del año todavía muestra un crecimiento del 5.2% respecto al mismo período de 2024, producto del fuerte arrastre estadístico de la primera mitad del año y la comparación con un año bajo.

Un total de cinco sectores económicos registraron una contracción interanual. De ellos, la Industria manufacturera (-5,1%) y el sector de Comercio y reparaciones (-1,7%) fueron los de mayor impacto negativo. Combinados, estos dos sectores le restaron 1,06 puntos porcentuales al crecimiento interanual del EMAE, que además, son sectores generadores de empleo. Por otro lado, los sectores que más crecieron son Intermediación financiera y Explotación minera, que son sectores que emplean menores niveles de trabajo que los dos sectores mencionados.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

El Índice de producción industrial manufacturero confirma que este sector es uno de los más golpeados con la menor actividad económica. La caída interanual del 4,4% en agosto es una señal clara de desaceleración. Si bien el acumulado enero-agosto sigue siendo positivo (+4.4%), este dato oculta la reversión de la tendencia, ya que todo el crecimiento se concentró en los primeros meses del año y se compara con períodos particularmente débiles para la industria. La serie desestacionalizada mostró un leve repunte mensual del 0,6%, pero la serie tendencia-ciclo volvió a caer un 0,5%, lo que sugiere que la debilidad estructural del sector persiste.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

La Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) es un termómetro clave de la salud industrial y un predictor de la inversión futura: se ubicó en 59,4% en agosto. Esta cifra es inferior al 61.2% registrado en agosto de 2024 y marca el octavo mes consecutivo por debajo del umbral del 60%. Cuando las empresas tienen más del 40% de su maquinaria ociosa, el incentivo para invertir en ampliar la capacidad productiva es bajo.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

El desglose sectorial muestra una profunda crisis en rubros como la «metalmecánica» (44.4% de uso) y «productos de caucho y plástico» (42.1%), mientras que sectores como «refinación del petróleo» (86.1%) operan cerca de su plena capacidad, reflejando la mencionada heterogeneidad. Papel y cartón se sitúa en el 61% por segundo mes y productos alimenticios y bebidas en el 67%, creciendo levemente mes a mes.

Pulso del consumo y la inversión: demanda en contracción

Los indicadores de demanda final confirman que tanto los hogares como las empresas están ajustando sus gastos a la baja.

Los datos de agosto revelan un consumo fragmentado y orientado a lo esencial. Las ventas en supermercados a precios constantes apenas crecieron un 0.3% interanual y continúan a 10 puntos, por debajo de los niveles de 2023. Los autoservicios mayoristas, un canal sensible al poder de compra de pequeños comercios y familias de menores ingresos, sufrieron una fuerte caída del 8,4% interanual. Las ventas en centros de compras también retrocedieron, con una baja del 1,9% real interanual. Este patrón sugiere que se priorizó compras de primera necesidad y recortó el gasto discrecional.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

La demanda de energía eléctrica por parte de los Grandes Usuarios (industria y comercio) es un indicador de alta frecuencia que refleja el ritmo de la producción. A niveles medios, en el mes de septiembre 2025 la demanda GU (sin incluir a ALUAR) fue similar a septiembre 2024, con una variación marginal del -0.3% (incluyendo a Aluar, la Gran Demanda Mayor tuvo una variación del +0.1%). En lo que respecta a octubre, parece que hay un repunte, lo que es buena noticia.

Dinámica de precios y competitividad cambiaria: retorno de la tensión inflacionaria

Tras varios meses de relativa calma, los indicadores de precios de septiembre y las proyecciones para octubre sugieren un rebrote de las presiones inflacionarias, impulsado principalmente por el frente externo y los costos mayoristas.

La inflación de septiembre fue del 2,1%, acumulando un 31,8% en los últimos doce meses. Los rubros que más subieron fueron Vivienda (impulsado por alquileres) y Educación, ambos con un 3,1%. En cuanto a las categorías, los precios Regulados (2,6%) lideraron las alzas, seguidos por Estacionales (2,2%) y la inflación Núcleo (1,9%).

La señal de alerta proviene del Índice de precios internos al por mayor (IPIM). El nivel general del IPIM aumentó un 3,69% en septiembre, casi el doble que la inflación minorista. El componente que tuvo mucha incidencia para este aumento fue el de los «Productos importados», que se disparó un 8,97% en un solo mes. Este salto es una consecuencia directa de la devaluación y de la dinámica del tipo de cambio, y actúa como un indicador adelantado de posibles futuras subas en los precios al consumidor.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

A pesar del alivio que supuso la devaluación de septiembre, la competitividad cambiaria de la Argentina sigue siendo un problema estructural. El ITCRM se mantiene en niveles cercanos a los 100-103 puntos, por debajo del umbral de 120 que se considera de equilibrio competitivo. Esto implica que, incluso con un dólar nominal más alto, los costos de producción en Argentina hacen que sus productos sigan siendo relativamente caros en comparación con los de socios y competidores clave como Brasil y China. Esta situación representa una desventaja estructural para las PyMEs que buscan exportar o que compiten en el mercado interno con productos importados.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA.

La combinación de una actividad económica en caída y una inflación que se ve presionada a la alsa configura un escenario que podría ser complejo. Esta es la peor coyuntura posible para las PyMEs, ya que sus márgenes de rentabilidad son comprimidos desde dos frentes simultáneamente: por un lado, el aumento de los costos (impulsado por el IPIM y la devaluación) y, por otro, la imposibilidad de trasladar esos mayores costos a los precios de venta debido a la debilidad de la demanda. Este entorno exige una gestión empresarial extremadamente precisa y cautelosa.

Durante el mes que viene, si las medidas de inyección de dinero al mercado aplicadas por el gobierno nacional en los últimos días de octubre tienen impacto positivo, es posible que aumente la demanda de productos. 

Indicadores de confianza en contradicción

Octubre ha sido un mes de señales mixtas y contradictorias en el campo de las expectativas, creando un entorno de alta incertidumbre para la toma de decisiones.

El Índice Líder (UTDT) diseñado para anticipar puntos de inflexión en el ciclo económico, continuó su trayectoria descendente en septiembre con una caída del 0,85%, tras el fuerte retroceso de agosto. El modelo estadístico de la UTDT calcula una probabilidad del 98% de que la economía haya entrado en una fase recesiva. Esta es la señal de que a futuro continúe la contracción de la actividad.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Universidad Torcuato Di Tella.

En marcado contraste, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de octubre mostró un rebote del 6,3%, revirtiendo las caídas registradas en agosto y septiembre, aunque este indicador continúa en bajo niveles respecto al primer semestre de 2025.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Universidad Torcuato Di Tella.

Por otra parte, la encuesta que el Banco Central realiza entre consultoras y analistas profesionales conocida como Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) indica que las expectativas de septiembre (publicado a principios de octubre) se alinean con el Índice Líder. Los analistas recortaron sus proyecciones de crecimiento del PBI para 2025 al 3,9% y elevaron sus pronósticos de inflación anual.
En el relevamiento de septiembre, el conjunto de analistas del REM estimó que en el tercer trimestre del año el PIB ajustado por estacionalidad se habría reducido 0,6% respecto al segundo trimestre de 2025 (0,3 p.p. de mayor caída respecto al REM previo).

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA.

Impacto en el financiamiento empresarial

El entorno de bajo consumo y la incertidumbre financiera de los últimos meses han impactado de manera directa en el mercado de crédito, con señales de contracción y encarecimiento, especialmente para las PyMEs. Hacia finales del mes, pasadas las elecciones, como se mencionó se comenzaron a tomar medidas que apuntan a aliviar el acceso al crédito y el costo del dinero. Hay que tener cautela y esperar unas semanas para analizar el impacto.

Por primera vez en doce meses, el stock total de préstamos en pesos al sector privado registró una contracción en términos reales, con una caída del 1,8% ajustada por estacionalidad. Este dato marca un punto de inflexión que marca la complejidad actual del costo del dinero.

La contracción no fue homogénea. Se concentró en las líneas de crédito más relevantes para la operación diaria de las empresas y el consumo de los hogares. Los préstamos comerciales (como adelantos en cuenta corriente y descuento de documentos) y las financiaciones con tarjeta de crédito fueron los que más cayeron. En contraste, el único segmento que mantuvo una dinámica de crecimiento fue el de los préstamos con garantía real, como los créditos hipotecarios y prendarios. Esto indica que los bancos redujeron en septiembre (y buena parte de octubre) su exposición a préstamos sin garantías (como el capital de trabajo) y se concentran en operaciones con colaterales sólidos.

Fuente: BCRA.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyecta una tasa de referencia (TAMAR) del 43% para octubre. Con una inflación mensual esperada en el rango del 2% al 3%, esto implica que las tasas de interés reales se mantienen en terreno positivo, encareciendo el costo del financiamiento para las empresas que logran acceder a él.

Al analizar la situación específica de las PyMEs, surge una aparente contradicción entre los datos de mediano y corto plazo, que revela una dinámica compleja en el mercado de crédito.

El informe semestral del BCRA, publicado en octubre pero con datos hasta junio de 2025, muestra una tendencia positiva. Durante la primera mitad del año, unas 161,000 nuevas empresas, en su mayoría micro y pequeñas, se incorporaron al mercado de crédito, y los saldos totales de financiamiento al sector crecieron un 19%.

La aparente contradicción entre la tendencia positiva de inclusión financiera en el primer semestre y la contracción del crédito comercial en septiembre se explica por una sobre situación. Por un lado, se observa un proceso estructural positivo de largo plazo, donde cada vez más PyMEs logran tener un primer acceso al sistema financiero formal (apertura de cuentas, registro crediticio). Esto aumenta la amplitud del sistema. Sin embargo, por otro lado, el ciclo económico recesivo de corto plazo está provocando que los bancos, en la práctica, restrinjan el volumen y la profundidad del crédito disponible, especialmente en las líneas de capital de trabajo, que son las más críticas para la operación diaria.

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