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Informe macroeconómico mensual – Marzo 2026

by Apliconomy
9 abril, 2026
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Informe macroeconómico mensual – Marzo 2026
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Resumen Ejecutivo

El panorama macroeconómico de la República Argentina al cierre de marzo de 2026 exhibe estabilización con estrés en la dinámica de formación de precios, que no logra romper el piso del 2%. El programa económico, anclado rígidamente en el sostenimiento del superávit fiscal y en la fase operativa de «remonetización» bajo el esquema de ajuste cambiario indexado (mecanismo T-2), se enfrenta a la maduración de sus propias contradicciones internas. El análisis exhaustivo de los datos correspondientes al mes de marzo revela una economía bifurcada: una macroeconomía financiera que proyecta solidez en el corto plazo y una microeconomía productiva que opera en un bajo nivel.

El mercado de cambios operó con una pax cambiaria que constituye el principal activo político e instrumental de la gestión. La intervención sostenida del BCRA en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) arrojó un saldo comprador neto de USD 1.670 millones durante marzo. Esta succión de divisas ha permitido que la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial mayorista (Comunicación A3500) y las cotizaciones financieras de libre flotación continúen en mínimos históricos. Como reflejo de esta convergencia nominal y de la voluntad de pago evidenciada por el Tesoro, el Riesgo País se ha consolidado en la zona entre los 600 y 650 puntos básicos.

Sin embargo, el éxito en la estabilización financiera encuentra resistencias estructurales. La principal luz de alerta para la viabilidad del programa de estabilización proviene de la persistencia de la inercia inflacionaria. El proceso de desinflación ha encontrado un núcleo resistente alrededor del 3%. Las proyecciones para marzo de 2026 dan al Índice de precios en la zona del 2,6% al 3,3%. Esta reaceleración responde primariamente a la conjunción de factores estacionales (como el rubro educación), el traslado de la corrección de tarifas de servicios públicos y un shock externo derivado de la escalada bélica en Medio Oriente, que incrementó abruptamente los precios internacionales de la energía y se trasladó a los surtidores locales.

El ajuste fiscal, estimado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), acumula el equivalente a 11 puntos del Producto Interno Bruto (PBI) en 26 meses. Esto ha sido el ancla de la solvencia del plan económico pero ha sido un factor clave de depresión de la demanda agregada. 

En el frente regulatorio e institucional se destacan dos normas. En primer lugar, el BCRA dictó la normativa que implementa el «Cobro con Transferencia» (CCT) para la cancelación de cuotas de préstamos, estableciendo un límite del 30% en la relación cuota-ingreso para mitigar el riesgo de sobreendeudamiento de los hogares. En segundo lugar, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) reglamentó la Resolución General 5828/2026 referente al Régimen de Inocencia Fiscal. 

Política Fiscal y administración tributaria

La Secretaría de Finanzas ha capitalizado la compresión del Riesgo País y el exceso de liquidez transaccional del sistema bancario para ejecutar una política de administración de pasivos. El objetivo central ha sido alargar el perfil de vencimientos de la deuda en moneda local, reducir el componente indexado de corto plazo y consolidar nuevas tasas de referencia que reflejen las expectativas de desinflación intertemporal del gobierno.

El evento de mayor envergadura del mes fue la licitación de instrumentos del Tesoro Nacional con fecha de liquidación al 31 de marzo de 2026. Esta operación operó como un termómetro de la confianza del mercado corporativo e institucional. La recepción de ofertas alcanzó un valor efectivo total de $12,53 billones, de los cuales el Ministerio de Economía decidió adjudicar $11,04 billones.

La arquitectura de la colocación demuestra una diversificación estratégica diseñada para captar distintas preferencias de riesgo y horizonte temporal.La interpretación macrofinanciera de estos resultados arroja conclusiones. La emisión de la Letra a tasa fija (S17L6) con vencimiento en julio de 2026 logró colocar $2,75 billones convalidando una Tasa Efectiva Mensual (TEM) de corte del 2,16%, lo que representa una Tasa Interna de Retorno Efectiva Anual (TIREA) del 29,23%. Considerando que las expectativas de inflación para marzo se sitúan en torno al 2,7%, el Tesoro Nacional se encuentra logrando financiarse a tasas reales ex-ante que oscilan entre neutras y marginalmente negativas. Este fenómeno de licuación permite bajar el peso de la deuda en pesos sobre el PBI.

Por otra parte, la abrumadora concentración de la demanda en el BONCER TZXS8 ($5,75 billones adjudicados) pone de manifiesto que los inversores exigen un ancla indexatoria fuerte (CER) para estar dispuestos a extender la duration de sus carteras hacia el año 2028. La convalidación de una TIREA del 7,75% real para este instrumento, contrastada con la TIREA del 4,47% exigida para el BONCER TZXS7 a 2027, evidencia una pendiente positiva en la curva de rendimientos reales que refleja la incertidumbre remanente sobre la velocidad de desinflación a mediano plazo.

La consolidación de la Tasa TAMAR como benchmark del mercado en pesos también fue avalada mediante la exitosa reapertura del bono TMF27, adjudicando casi $2 billones a una TIREA del 37,18%. Asimismo, la colocación del instrumento Dólar Linked TZV28 demuestra que persiste una demanda residual por cobertura ante eventuales saltos cambiarios de salto discreto en el horizonte de 2028.

En el segmento de la deuda denominada en dólares estadounidenses, el Tesoro logró refinanciar compromisos mediante la legislación local, adjudicando USD 293,60 millones. La reapertura del BONAR AO27 cortó con una TIREA del 5,12% (con un prorrateo del 33,52%), mientras que la emisión del nuevo BONAR AO28 cerró con una TIREA del 8,86% (prorrateo del 51,30%). Esta capacidad de absorción de liquidez en moneda dura dentro de las fronteras nacionales resulta crucial dada la reticencia explícita de la administración a emitir nueva deuda bajo ley extranjera.

En simultáneo a la licitación por efectivo, la Secretaría de Finanzas instrumentó una operación de conversión bajo el amparo del artículo 2 del Decreto 846/2024. El objetivo de la transacción era retirar de circulación el BONCER TZX26, un bono cero cupón con ajuste CER cuyo vencimiento estaba programado para el 30 de junio de 2026, mitigando el riesgo de refinanciación («roll-over risk») que enfrentaba el fisco en la inminencia del segundo trimestre.

La mecánica del canje permitió a los tenedores elegibles transferir sus títulos hacia tres opciones de mayor madurez. El Ministerio de Economía recibió 135 ofertas, logrando adjudicar el 24,21% del Valor Nominal Original (VNO) en circulación del TZX26. 

Si bien la tasa de adhesión del 24,21% logró oxigenar los compromisos de junio, la magnitud de la retención del título por parte de tenedores privados indica que una fracción del mercado prefiere mantener liquidez en el tramo muy corto de la curva. Esta preferencia por la liquidez inmediata, a costa de ceder rendimientos superiores en los bonos de 2028 y 2029, subraya que la demanda transaccional de pesos sigue gobernada por una cautela táctica.

Dinámica de la recaudación y la tensión estructural del gasto

El programa de consolidación macroeconómica, basado en la meta de «déficit cero», se encuentra operando bajo el estrés de un ciclo económico contractivo que erosiona mes a mes las bases imponibles del Estado.

El ajuste fiscal, estimado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), acumula el equivalente a 11 puntos del Producto Interno Bruto (PBI) en 26 meses. Contrastando el gasto público nacional de 2023 con el acumulado interanual a febrero de 2026, se registra una contracción real de $62,1 billones (a precios de febrero de 2026). Esto representa una caída relativa del 28%.

Durante el primer trimestre de 2026, los ingresos tributarios totales experimentaron una caída del 7,5% en términos reales (descontada la inflación) en comparación con idéntico período del año anterior. Esta retracción presenta una distribución asimétrica en el entramado federal: la porción de la masa tributaria que ingresó a la órbita de la Nación cayó un 8% real, mientras que las transferencias automáticas por coparticipación destinadas a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) retrocedieron un 6,5%, según datos del IARAF.

En el análisis mensual correspondiente a marzo de 2026, los envíos por transferencias automáticas a jurisdicciones subnacionales totalizaron $5,05 billones. A pesar del incremento nominal del 26,4% frente al año previo, al deflactar la serie por una inflación estimada del 3% mensual, el resultado arroja una contracción real del 4,3% interanual. La descomposición de esta caída revela el agotamiento de los dos principales motores del sistema tributario argentino: el Impuesto a las Ganancias y el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

  1. Impuesto a las Ganancias: la recaudación de este tributo registró una caída real interanual devastadora del 12,7% en marzo. 
  2. Impuesto al Valor Agregado (IVA): considerado el principal termómetro del consumo interno, la recaudación del IVA exhibió una variación negativa del 4% en términos reales frente a marzo de 2025. 

Ante el persistente derrumbe de los recursos, la capacidad del Ministerio de Economía para anunciar superávits financieros (que en febrero totalizaron $144.421 millones luego del pago de $1,26 billones en intereses) ha dependido exclusivamente del ejercicio de un recorte del gasto primario. 

El sostenimiento de este superávit en un contexto de caída real de la recaudación somete a las finanzas provinciales y al gasto de capital (obra pública) a una tensión que comienza a acercarse a su límite de tolerancia sociopolítica.

Bajo impacto del régimen de Inocencia Fiscal

En un intento por recomponer las bases imponibles y generar un flujo extraordinario de ingresos, el Poder Ejecutivo impulsó la Ley de Inocencia Fiscal, reglamentada por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).

Este nuevo régimen de regularización de activos («blanqueo») fue diseñado con un fuerte enfoque en incentivos microeconómicos. La premisa central buscaba persuadir a los contribuyentes a «sacar los dólares del colchón» ofreciendo inmunidad sistémica. Quienes adhieran al régimen quedan excluidos de los regímenes de información cruzada para la adquisición de bienes registrables (inmuebles, autos de lujo) y la ejecución de grandes operaciones financieras. Concretamente, la norma exime a instituciones bancarias, concesionarias y escribanías de su obligación de reportar dichas transacciones como operaciones sospechosas ante el fisco.

Organismos internacionales destacaron la reducción de la deuda pública. Según el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la economía argentina redujo su deuda pública del 125% del PBI en 2023 al 85% del PBI proyectado para 2026, aunque advirte que parte de esta licuación se logró vía inflación y ajuste en inversión pública. La deuda en moneda local no estuvo totalmente indexada o sus tasas reales fueron negativas durante el periodo de alta inflación. Esto permitió que el Estado «licuara» (achicara) sus compromisos reales a costa del poder adquisitivo de los tenedores de esos bonos y de los ahorristas. El BID advierte que esta reducción no responde únicamente a un crecimiento económico genuino o a un pago de deuda con ahorro real, sino a un fenómeno inflacionario que erosiona el valor de los pasivos. Por otra parte, el organismo advirtió que el recorte en infraestructura (inversión real directa) ha sido uno de los pilares para alcanzar el equilibrio fiscal. El BID señala que mantener la inversión pública en niveles mínimos históricos pone en peligro el crecimiento a largo plazo y la competitividad del país.

Política monetaria

El BCRA ha completado la transición hacia un nuevo esquema de formación de tasas de interés mayoristas. Durante marzo, se evidenció la consolidación definitiva de la tasa TAMAR (Tasa de Mercado de Referencia) como el benchmark predominante para la estructuración de obligaciones negociables corporativas y la indexación de los instrumentos de deuda del Tesoro.

La Tasa BADLAR, aplicable a depósitos a plazo fijo superiores a un millón de pesos, cerró el mes experimentando una contracción progresiva. Tras promediar niveles del 28,5% a mediados de marzo, retrocedió casi tres puntos porcentuales hasta ubicarse en 25,4% TNA. En contrapartida, la Tasa TAMAR mostró una mayor estabilidad, fluctuando levemente durante el mes para cerrar en 26,3% TNA.

Desde la perspectiva de la política monetaria, el sostenimiento de una TNA en la zona del 25-26% implica una Tasa Efectiva Mensual (TEM) para los ahorristas institucionales que ronda el 2,1% al 2,2%. Este rendimiento se ubica sistemáticamente por debajo de las expectativas de inflación mensual (proyectadas por encima del 2,7%), consolidando un entorno prolongado de tasas de interés reales negativas ex-post.

La tolerancia del BCRA frente a este diferencial negativo obedece a una decisión estratégica: evitar a toda costa la reconstitución de una masa de pasivos remunerados que genere emisión endógena. Al deprimir el retorno libre de riesgo, el Central incentiva a las tesorerías bancarias a canalizar su exceso de liquidez hacia la suscripción de deuda primaria del Ministerio de Economía (como se constató en la licitación de las LECAP y BONCER) y, en lo posible hacia la originación de crédito para el sector privado.

La Base Monetaria en su definición amplia cerró marzo en $42,6 billones, con una circulación monetaria de $25,5 billones y efectivo en entidades financieras por $2,39 billones. Esta expansión controlada de los agregados (+28% interanual del M2 privado) responde, entre otros factores, a la compra de divisas en el sector externo y a la remonetización restringida del sistema.

Nueva normativa: Cobro con Transferencia (CCT)

La búsqueda por dinamizar el crédito bancario y expandir la frontera de inclusión financiera llevó al Directorio del BCRA a emitir una donde se autorizó la implementación del mecanismo denominado «Cobro con Transferencia» (CCT), diseñado para modernizar la cobranza de cuotas correspondientes a préstamos otorgados por entidades financieras tradicionales y plataformas tecnológicas (fintechs).

Este instrumento establece un mecanismo de débito directo inmediato (transferencia pull) mediante el cual los acreedores pueden cobrar las obligaciones directamente de las cuentas bancarias o billeteras virtuales de los deudores. El CCT, que según la planificación del Central estará en plena vigencia operativa para el mes de septiembre de 2026, reemplazará al obsoleto sistema de débito automático, eliminando las liquidaciones diferidas en los procesos de compensación y reduciendo las fricciones por rechazos técnicos.

No obstante, el componente macroprudencial más relevante de la norma es la introducción de una restricción cuantitativa de observancia obligatoria para todo el ecosistema de crédito: al momento de la originación y cobro, la relación cuota-ingreso del deudor no podrá exceder el límite estricto del 30%.

Si bien este umbral del 30% representa un estándar de gestión de riesgo conservador que la banca tradicional siempre ha aplicado, su obligatoriedad para las aplicaciones móviles y emisores no financieros constituye un cambio de paradigma. El BCRA busca erradicar las prácticas usurarias y mitigar el riesgo sistémico derivado del sobreendeudamiento de familias cuyos ingresos reales han sido erosionados por la inflación. Sin embargo, este límite operará como un techo para la expansión del crédito al consumo de los deciles de menores ingresos. Al carecer de capacidad prestable comprobable bajo el umbral del 30%, una vasta porción de la población quedará marginada del crédito formal, lo que ralentizará la recuperación de las ventas minoristas.

El rebote inflacionario

La estabilidad del edificio monetario y cambiario actual depende críticamente de la convergencia de la inflación hacia estándares internacionales. 

La inflación de marzo tiene alta probabilidad de que continúe el sendero de febrero entre el 2,6% y el 3,3%. Esta continuidad obedece a tres vectores de presión que afectan transversalmente la estructura de costos: la estacionalidad educativa típica de la dinámica del tercer mes del año, el ajuste de precios regulados producto de la política de reducción de subsidios y recomposición tarifaria y el shock exógeno en combustibles.

El Directorio del BCRA resolvió no prorrogar, a partir de abril de 2026, la exigencia transitoria adicional de 5 puntos porcentuales sobre ciertos pasivos en pesos de entidades financieras, cuya vigencia expiraba el 31 de marzo de 2026 y cuya integración podía realizarse parcialmente con títulos públicos elegibles. La medida tiende a aliviar las restricciones de liquidez del sistema y podría favorecer la expansión del crédito, aunque su impacto sobre la oferta monetaria no es automático y depende de la respuesta de los bancos, de la demanda de crédito y de la estrategia monetaria general del BCRA.

Sector externo y mercado cambiario

Durante el mes de marzo de 2026, el BCRA ejecutó una sostenida intervención compradora en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), aprovechando la liquidación de divisas proveniente de la tracción agroexportadora y del superávit de la balanza energética. En la última jornada hábil (31 de marzo), la autoridad monetaria adquirió USD 140 millones, lo que le permitió cerrar el mes con un saldo neto comprador de USD 1.670 millones. En el acumulado del primer trimestre, las compras netas rondaron los USD 4.386 millones, lo que convirtió al período enero-marzo en uno de los mejores arranques trimestrales recientes en materia de absorción de divisas.

Sin embargo, esa mejora en el saldo comprador del mercado oficial no se tradujo de manera lineal en una recomposición equivalente de las reservas internacionales brutas. A fines de marzo, las reservas del BCRA siguían ubicándose en una franja de aproximadamente USD 43.000 a USD 44.000 millones, según la fecha exacta de corte considerada. Esta diferencia entre las compras en el MULC y la evolución de las reservas sugiere que una parte relevante de las divisas absorbidas fue compensada por otros movimientos del balance, por lo que conviene distinguir entre compra de divisas y acumulación de reservas.

Además, escrutinio minucioso del balance de la autoridad monetaria expone una paradoja contable que desnuda la vulnerabilidad del sector externo argentino. El incremento efectivo de las Reservas Brutas en lo que va del año ha sido de apenas USD 613 millones. Esta filtración de divisas se explica primordialmente por la abultada carga de compromisos de deuda del Tesoro Nacional. Los dólares adquiridos en el MULC debieron ser girados de inmediato para honrar el pago de capital e intereses de bonos soberanos (Bonares y Globales) y obligaciones con organismos multilaterales de crédito, sumado a los efectos de valuación negativa de los activos que componen las reservas ante la volatilidad de los mercados globales.

Régimen cambiario, brechas y competitividad comercial

El Tipo de Cambio Mayorista (regido por la Comunicación A3500) operó con estabilidad finalizando el mes de marzo en $1.394 por unidad, lo que representa un deslizamiento nominal interanual del 31%. El dólar oficial minorista de pizarra promedió los $1.419.

El anclaje de expectativas y de la estrategia de esterilización monetaria ha permitido la virtual caída de las cotizaciones financieras paralelas. El Dólar Contado con Liquidación (CCL) cerró el mes  a $1.475, mientras que el Dólar MEP lo hizo a $1.424. La confrontación de estos valores con el tipo de cambio oficial mayorista arroja una brecha cambiaria mínima. Esta convergencia siguió funcionando como un ancla parcial para las expectativas cambiarias de corto plazo, contribuyendo a la eliminación de incentivos a conductas como la sobrefacturación de importaciones o la subfacturación de exportaciones.

El impacto en la competitividad estructural de la economía transable, según el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), indicador que pondera el precio relativo de los bienes argentinos frente a una canasta compuesta por las monedas de los principales socios comerciales del país (ajustado por sus respectivas inflaciones), experimentó una contracción, descendiendo a 86 puntos en marzo de 2026. Al contrastar este valor con el promedio histórico del índice de 113 puntos (período 1997-2026), se evidencia que la economía argentina continúa con apreciación cambiaria («atraso cambiario»). Esta distorsión de precios relativos contribuye a erosionar la rentabilidad de las industrias exportadoras manufactureras, encarece el producto argentino en el mundo y presiona a la baja los márgenes de las economías regionales no vinculadas a los complejos de enclaves energéticos o mineros. Según el REM, el dólar seguiría por debajo de la inflación durante los próximos meses, lo que consolida el escenario de apreciación cambiaria.

La «Argentina Week» y el cepo cambiario

A mediados de marzo, el epicentro del análisis económico se trasladó a Nueva York, marco de la «Argentina Week 2026». Ante un escrutinio directo por parte de los principales fondos de inversión de Wall Street y CEOs de corporaciones multinacionales, la delegación oficial liderada por el Ministro de Economía, Luis Caputo, y el Presidente del BCRA, Santiago Bausili, se encargó de delinear el modelo económico.

El punto de mayor tensión entre el establishment internacional y la conducción económica nacional giró en torno al sostenimiento de las regulaciones cambiarias (el cepo). Ejecutivos de conglomerados globales en áreas estratégicas como hidrocarburos y minería marcaron este punto para el desembolso de flujos de Inversión Extranjera Directa (IED).

Frente a esta presión por la liberalización, la respuesta oficial priorizó la protección del balance del Banco Central. 

Luis Caputo adoptó una postura igualmente conservadora y descartó la posibilidad de un retorno inminente a los mercados globales de capitales para colocar nueva deuda mediante emisiones voluntarias bajo ley extranjera. La evaluación del Palacio de Hacienda determinó que emitir deuda por volúmenes acotados (USD 1.000 o USD 1.500 millones) no alteraría significativamente la matriz de liquidez del programa, optando por mantener el foco exclusivo en la refinanciación o rollover de los vencimientos en el mercado doméstico, apoyados en la colocación de instrumentos indexados y letras a tasa fija.

Análisis de escenarios a 10 Meses (Segundo semestre de 2026 al primer semestre 2027)

Escenario base: desinflación incompleta y recuperación heterogénea

Supuestos iniciales: el contexto geopolítico internacional se mantiene tenso pero sin una escalada que altere de manera disruptiva los precios globales de la energía ni las cadenas logísticas. En el plano interno, el Gobierno sostiene el equilibrio fiscal primario mediante una combinación de prudencia en el gasto, administración de pasivos y continuidad del sesgo contractivo de la política monetaria, aunque sin lograr una mejora sustantiva y homogénea en la recaudación real ni una recuperación vigorosa del consumo.

Trayectoria macroeconómica: en este escenario, la economía argentina prolonga la estabilización nominal, pero sin alcanzar todavía una convergencia plena de la inflación hacia registros cercanos a los estándares internacionales. La inflación núcleo desciende de manera gradual, aunque persiste durante varios meses en una zona todavía elevada para una economía que busca normalizar precios relativos y sostener un régimen cambiario administrado. El mecanismo T-2 deja de ser una fuente de aceleración explosiva, pero continúa funcionando como un canal de transmisión de la nominalidad pasada, lo que dificulta una desinflación más rápida. El resultado no es una espiralización, pero tampoco una descompresión concluyente.

En el frente cambiario, la baja brecha y la operatoria dentro del régimen de bandas permiten preservar una cierta estabilidad financiera y cambiaria. Sin embargo, la acumulación de reservas sigue siendo parcial y no se traduce automáticamente en una mejora holgada del balance del BCRA, por lo que la flexibilización del cepo continúa siendo gradual, selectiva y subordinada a la solidez del frente externo. En este marco, la discusión sobre apreciación real del peso y competitividad externa permanece abierta, en especial para sectores manufactureros y economías regionales.

En la economía real, el nivel de actividad exhibe una recuperación moderada y desigual. Algunos sectores vinculados a energía, minería, servicios y segmentos puntuales del crédito muestran mejoras, mientras que el consumo masivo, parte de la industria y las finanzas provinciales continúan operando con restricciones. El resultado es una expansión débil y heterogénea: mejor que un estancamiento puro, pero todavía lejos de una recuperación robusta y socialmente generalizada. Este escenario es el más consistente con una transición de estabilización todavía incompleta, en la que la macro mejora antes que la microeconomía.

Escenario optimista: convergencia acelerada y flexibilización cambiaria parcial

Supuestos iniciales: los factores externos se tornan más benignos, con menor presión sobre energía y logística internacional, mientras que en el plano interno se consolida una trayectoria de inflación descendente durante varios meses consecutivos. A la vez, el Tesoro preserva el equilibrio fiscal, mejora el rollover de la deuda en moneda local y el mercado comienza a reducir de forma más clara las primas de riesgo exigidas a los activos argentinos.

Trayectoria macroeconómica: bajo estas condiciones, la inflación mensual continúa descendiendo y logra perforar con mayor claridad la zona inercial del 2%-3%, acercándose progresivamente a registros compatibles con una nominalidad más estable. Esa mejora no elimina por completo los problemas de competitividad ni las tensiones distributivas, pero sí desactiva una parte relevante de la inercia que complicó la primera etapa del programa. La combinación de menor inflación, tasas mayoristas más bajas y expectativas más ordenadas contribuye a reforzar la demanda de dinero y a reducir la volatilidad financiera.

En el plano cambiario, la menor incertidumbre permite sostener brechas acotadas durante un período prolongado, favoreciendo una mayor previsibilidad en importaciones, exportaciones e inversiones. La mejora del clima financiero, junto con una dinámica exportadora razonable y un mayor acceso a fuentes de financiamiento o refinanciación, permite un fortalecimiento más visible de las reservas. En este escenario, el gobierno no necesariamente elimina de forma abrupta todos los controles cambiarios, pero sí avanza en una flexibilización más amplia y consistente, especialmente sobre stocks heredados y restricciones que afectan decisiones de inversión.

La actividad económica responde mejor que en el escenario base. La expansión del crédito gana algo de profundidad, la inversión privada encuentra un entorno menos volátil y la mejora de expectativas se traslada parcialmente al consumo durable y a algunos segmentos de la construcción y los servicios. No sería prudente describir este cuadro como una recuperación en “V” cerrada y generalizada; resulta más defendible hablar de una aceleración del crecimiento con mejora de la coordinación macroeconómica, en la que la estabilidad financiera comienza a derramar sobre una porción más amplia de la economía real.

Escenario estresado: deterioro nominal y fragilidad macrofinanciera

Supuestos iniciales: se combina un shock externo adverso —por ejemplo, una nueva suba persistente del precio internacional de la energía o una mayor aversión global al riesgo— con un deterioro doméstico en variables sensibles como la recaudación, el rollover de deuda en pesos, la demanda de dinero o la conflictividad político-social. La clave de este escenario no es un único detonante, sino la convergencia de varios factores que erosionan simultáneamente la estabilidad nominal y la credibilidad del programa.

Trayectoria macroeconómica: en este contexto, la inflación vuelve a acelerarse y el esquema de indexación cambiaria con rezago deja de funcionar como amortiguador para convertirse en un mecanismo de propagación de la nominalidad. La suba de precios regulados, combustibles, costos logísticos o expectativas de corrección cambiaria se traslada con mayor intensidad a la inflación núcleo y a las negociaciones salariales, deteriorando nuevamente la coordinación nominal. Frente a ello, el BCRA se ve obligado a endurecer el sesgo monetario, restringiendo liquidez o convalidando tasas más altas para evitar una pérdida adicional de demanda de pesos.

En paralelo, la estabilidad cambiaria se debilita. La brecha comienza a ampliarse, la acumulación de reservas se vuelve más difícil y la discusión sobre flexibilización cambiaria queda desplazada por una lógica defensiva. En vez de avanzar hacia una normalización gradual, la política económica prioriza contener la volatilidad, preservar divisas y asegurar la refinanciación de vencimientos. La consecuencia es una economía con mayor tensión entre el frente fiscal, el monetario y el cambiario, donde cada corrección parcial tiende a generar costos en otra dimensión del programa.

La economía real se resiente con mayor intensidad. El encarecimiento del financiamiento, la fragilidad de expectativas y la desaceleración del consumo e inversión afectan la actividad, mientras la recaudación pierde dinamismo y complica la sostenibilidad política del ajuste. Este escenario no implica necesariamente un colapso inmediato, pero sí una transición hacia una macroeconomía más frágil, con riesgo de estanflación, mayor conflictividad y menor margen para sostener la secuencia de estabilización sin recalibraciones de política.

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