En un giro estructural, los costos suben en dólares y las PyMEs quedan atrapadas entre la presión impositiva, el encarecimiento energético y la importación de bienes del exterior.
Un informe realizado por la Fundación Observatorio PyMe destaca que las empresas manufactureras han experimentado un retraso en el ajuste de sus precios de venta en comparación con el aumento de sus costos. El precio de venta ha crecido por debajo del aumento del tipo de cambio ―sobre todo desde la devaluación de finales de 2023 y principios de 2024― generando pérdida en la rentabilidad.
La carga tributaria a nivel provincial y municipal también ha ganado relevancia entre los costos productivos. Para la industria manufacturera, el impuesto sobre los ingresos brutos (IIBB) representa el 7% del costo de producción total, y las tasas de seguridad e higiene el 4%. Las medianas empresas manufactureras, además, enfrentan una carga tributaria subnacional mayor que las pequeñas.
Los saldos a favor retenidos de IIBB e IVA equivalen a un 5% de las ventas mensuales en la industria manufacturera, elevándose al 11% en medianas empresas. Estas retenciones debilitan la posición económica de las PyMEs y generan dificultades financieras y burocráticas.
La desregulación y dolarización de las tarifas de los servicios también aumenta de manera significativa la presión sobre los costos, en particular por el aumento en el valor de la energía.
Asimismo, las empresas afrontan la dificultad de trasladar los aumentos a precios básicamente por dos factores que se suman a lo expuesto: el primero, la caída del consumo y el aumento consecuente de la oferta de bienes; y el segundo, el aumento de las importaciones producto de las políticas de apertura que se están llevando adelante.
Estos problemas se traducen en una caída del 10% interanual en la producción manufacturera PyME para el último trimestre del año 2024 y en una disminución del 6% en el empleo. Aunque las ventas deflactadas aumentaron algunos puntos, este fenómeno plantea interrogantes sobre si las mejoras en las ventas se traducirá en una recuperación de la producción o si responde a la liquidación de stocks y una creciente sustitución de producción local por importaciones.
En definitiva, estos factores hacen que la estructura de costos actual se sitúe en una posición de desventaja competitiva frente a importaciones, que aumentan en cantidad y mejoran sus precios vía baja de impuestos nacionales.
Todas estas condiciones están generando una tormenta que lentamente se está transformando en perfecta.
En este contexto, es fundamental que las políticas públicas se orienten a aliviar la carga fiscal: hace años que se habla de una reforma tributaria que nunca sucede. Las diferentes cámaras empresariales y sectores productivos se deben embanderar detrás de este pedido. Organizar y mejorar el sistema tributario para mejorar la competitividad y desburocratizar o centralizar los impuestos municipales, provinciales y nacionales es una necesidad común.
Por otro lado, hay que establecer un tipo de cambio competitivo que permita a las PyMEs sostener su producción y creación de empleo en un marco racional y con pautas planificadas de cara al futuro. Esto significa que el Estado debe organizar y comunicar lineamientos y directivas que generen canales donde las PyMEs puedan navegar y planificar su crecimiento.
La argentina de los ponchazos o giros bruscos de timón perjudica y atenta contra cualquier emprendimiento y desarrollo sostenible que incluya la inversión de capital, incluso de aquellos recursos que están “debajo de los colchones” de los argentinos. No basta con bajar impuestos, aunque ayuda. Este es un tema que la política y los sectores empresariales tienen que asimilar y discutir para construir las condiciones de estabilidad a largo plazo.
En este marco, desde Apliconomy sugerimos en el corto plazo a las PyMEs a:
- Replantear sus esquemas de aprovisionamiento de materias primas, sustituyendo partes locales por importadas en el caso de que esto convenga.
- Optimizar su estructura logística y eliminar la mayor cantidad de intermediarios posible entre la fábrica y el usuario final del producto. Hoy existen plataformas y herramientas digitales para lograr mejorar ventas sin intermediarios.
- Migrar de facturar en dólares a facturar en pesos y plantear una tasa de ajuste por plazo de pago. En el corto plazo, financiar en dólares representa una pérdida de poder adquisitivo del 1.5% mensual aproximado.
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