El comercio bilateral entre Argentina y Brasil mostró una expansión sostenida durante el primer trimestre de 2025, pero con un deterioro evidente en el saldo para el país. Entre enero y marzo de este año, el intercambio alcanzó un volumen total de USD 7 mil millones, con un déficit comercial para Argentina de aproximadamente USD 1.400 millones. Esta cifra contrasta con el déficit de apenas USD 14 millones registrado en el mismo período de 2024, reflejando un salto en el desbalance de más del 9.800%.

Este crecimiento del comercio se explica por un alza significativa en las importaciones desde Brasil, que en el período enero a marzo aumentaron el 40% interanual, frente a una caída del 9% en las exportaciones argentinas. En realidad es mucho mayor si incluimos diciembre. El fenómeno es particularmente pronunciado en los rubros de bienes de capital, de bienes de consumo y de vehículos automotores, donde las importaciones crecieron más de un 70%, 57% y un 90% respectivamente. El escenario es consecuencia de una combinación de factores: una apertura comercial más marcada, un peso apreciado en términos reales y una moneda brasileña debilitada frente al dólar y al peso, que facilita la entrada de productos brasileños a precios más competitivos.

En contraste, las exportaciones argentinas muestran señales de fatiga en sus principales rubros. Productos tradicionalmente competitivos como cereales, combustibles, molinería, hortalizas y frutas frescas perdieron dinamismo, en parte por la pérdida de márgenes de rentabilidad y una estructura de costos que no acompaña la evolución de los precios internacionales. De hecho, el informe de la Fundación Observatorio PyME advirtió que los costos energéticos y salariales en dólares se incrementaron sustancialmente en 2024, mientras que los precios de exportación no lograron seguir ese ritmo. El resultado: una caída en la rentabilidad y pérdida de competitividad.

Si bien algunos sectores muestran dinamismo —como las exportaciones de manufacturas plásticas, materiales de construcción metálicos y bebidas alcohólicas, que crecieron de manera importante, estos nichos no alcanzan para compensar el retroceso de los grandes rubros tradicionales. En ese contexto, la canasta exportadora argentina a Brasil se ve debilitada, más concentrada y con signos de sustitución por producción brasileña, lo cual refuerza la dependencia comercial del país respecto a su principal socio regional.
Para las PyMEs exportadoras argentinas, el desequilibrio comercial con Brasil presenta un cuadro ambivalente. Por un lado, Brasil continúa siendo el principal mercado de destino regional, con ventajas logísticas evidentes. En sectores como agroalimentos, bienes industriales livianos o servicios especializados, existe una demanda activa. Sin embargo, el atraso cambiario, la carga tributaria subnacional y percepciones impositivas afectan la liquidez de estas empresas, dificultando la competitividad y su expansión exportadora. Como se visualiza en la tabla que se muestra a continuación, los rubros que tuvieron la mayor caída interanual durante el primer trimestre son tanto productos de origen industrial como productos primarios, mostrando que el atraso está afectando de manera similar a todos los sectores.

Esta situación es compleja y desde el gobierno nacional, según conversamos desde Apliconomy, se va a intentar sostener el valor del peso argentino en relación al dólar en torno de los 1100 y 1200 por un buen tiempo, ya que el objetivo principal de esta administración es bajar la inflación.
Como consecuencia de esta situación, las PyMEs van a tener que adecuar sus producciones en términos de costos e importar aquellos bienes terminados que puedan. En paralelo, abrir nuevos mercados y posibilidades en el corto plazo, situación que siempre es compleja y lleva más tiempo del esperado. Un posible destino para posicionar productos que comparte una estructura similar en cuanto logística, es Uruguay..
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