Mientras la inflación en moneda nacional muestra señales de desaceleración, otro fenómeno poco habitual que tiene implicancias económicas y administrativas para las PyMEs se está desarrollando: el dólar pierde frente a la inflación.
Acentuado durante el primer semestre de 2025, desde mediados del año 2024, un nuevo escenario comenzó a abrirse en Argentina relacionado con cierta estabilidad positiva en los precios generales de la economía. Dicho de otro modo, el ritmo de aumento de la inflación en pesos bajó drásticamente durante el 2024 y hoy esa baja continúa, si bien con algunos picos, pasamos de dos cifras a una cifra, y hoy se sostiene entre 2,5 y 3 puntos mensuales. Es verdad que sigue siendo alta, pero, comparativamente, es una disminución significativa en poco tiempo y, en términos empresariales, este escenario implica cambio de hábitos que no suceden de un día para otro.
Históricamente, y sobre todo durante 2022 y 2023, Argentina enfrentó una elevada inflación mensual que convivía con incrementos significativos en las cotizaciones de los diferentes dólares. Por ejemplo, el dólar blue, el dólar MEP (Mercado Electrónico de Pagos) y el dólar Contado con Liquidación (CCL) acompañaban la escalada de precios de la economía. Diferente era la situación con el dólar oficial, cuyo valor no seguía el ritmo de la inflación, lo que generaba brechas cambiarias entre cotizaciones. En aquel entonces, era común escuchar que el dólar oficial estaba artificialmente bajo, pero que, en la práctica, un segmento reducido de la economía tenía acceso a esa cotización, mientras la mayoría de la sociedad y las empresas accedían a los dólares “caros”.

Como se muestra en el gráfico, de enero 2022 a octubre 2023, un período de alta inflación de más de 150%, el dólar oficial aumentó levemente, a diferencia del dólar blue que experimentó cambios más bruscos y picos en su evolución, con un mayor acompañamiento a los aumentos en los precios de la economía. En general, durante el período, fue una práctica habitual para el resguardo de valor de activos y ahorros, la compra de USD, aunque fueran los dólares caros.
Si ampliamos nuestra mirada en el tiempo, en el mercado argentino, y particularmente entre las PyMEs, la práctica de dolarizar precios como un mecanismo de resguardo frente a la inflación se ha consolidado históricamente. Esta conducta, que busca preservar el valor real de los bienes y ahorros, evitar la remarcación constante y facilitar la planificación, tuvo sentido en contextos de aumentos descontrolados de precios y pérdida acelerada del poder adquisitivo.
En el escenario económico actual –caracterizado por una inflación en pesos que disminuye, un tipo de cambio oficial que se mueve a un ritmo muy lento (con proyecciones de alrededor del 1,4% mensual para 2025) y una brecha cambiaria casi eliminada– la estrategia de dolarizar no solo perdió efectividad, sino que hay que evaluar si es un mecanismo eficiente como reserva de valor en el corto plazo.
Si comparamos la evolución actual de la inflación, hoy en torno al 2,8% mensual y un acumulado de enero/abril del 11,6% contra la evolución de la cotización del dólar que fue en torno del 9% durante el mismo período, el peso amplió una brecha de casi el 3% durante los primeros cuatro meses del año. El dólar, o mejor dicho, todos los tipos de cambios del dólar en Argentina, incluido el blue, quedaron por debajo de la inflación. En definitiva, lo que está sucediendo es que cada vez con menos pesos puedo adquirir más moneda estadounidense.
Siguiendo este razonamiento, si hacemos la misma comparación pero desde enero de 2024 a abril de 2025 la cotización pasó de 830 a 1140 pesos, aumentando en un año y un cuatrimestre un poco más del 30%. En cambio, en el caso de la inflación desde 2024 a abril de 2025, el aumento es de un 93%.
Este fenómeno hace, por ejemplo, que aquellas empresas acostumbradas a valuar sus productos en dólares y mantener sus precios en dólares, pierdan rentabilidad constantemente con relación a sus costos en pesos, en términos reales. En igual medida los activos y ahorros.
Sumado que, según declaran fuentes oficiales y técnicos relacionados al gobierno, está situación se va a sostener en el tiempo, por lo menos hasta finales del presente año, por lo que hay que tomar nota y actuar en consecuencia.
Con un dólar oficial que avanza por debajo de la inflación y costos que, por su naturaleza, se ajustan en pesos, las PyMEs que no han desdolarizado activos se encuentran con una perdida real en sus valores expresados en moneda dura. Como consecuencia, todos los activos que sean pasibles de pesificarse por el término de 6 meses a un año, es el momento de hacerlo.
Es importante hacer una salvedad. Al día de hoy, desde el punto de vista macroeconómico, están dadas las condiciones para que se sostenga la situación actual por el término de un año aproximadamente. Ahora bien, otra cosa es que se tomen decisiones políticas que modifiquen las condiciones actuales. Por esta razón, se prefiere ser cauto y hablar en principio de 6 a 8 meses, quizá un poco más y a medida que pase el tiempo, acompañar las decisiones con información.
Retomando, las PyMEs que siguen ajustando precios en dólares han quedado atrasadas aproximadamente un 2.6% en términos reales durante los primeros cuatro meses de 2025. Un porcentaje significativo que en algunos rubros representa una parte importante de las ganancias.
Empresas con stocks dolarizados, contratos en USD o ahorros en moneda dura sufrieron el deterioro del valor real de esos activos en términos de capacidad de compra doméstica. Por está razón, se recomienda pesificar activos de corto plazo y evitar la sobreexposición al dólar hasta que la política cambiaria cambie o se dispare la brecha.
Es momento de recalcular precios y contratos, y evitar indexar por dólar, sobre todo si los costos y ventas son principalmente en pesos. Asimilar o cambiar el chip y comenzar a ajustar por inflación local (IPC) los contratos de servicios y alquileres, y todos los precios que hacen a los aspectos clave del negocio.
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