Los datos del BCRA muestran una recuperación económica heterogénea. Mientras las actividades exportadoras y el financiamiento en dólares ganan dinamismo, el consumo, la industria y el crédito a los hogares todavía enfrentan dificultades.
La economía argentina muestra señales de recuperación, aunque con diferencias importantes entre sectores y componentes de la demanda. Durante el segundo trimestre de 2026 las exportaciones crecieron 13,7% interanual y alcanzaron un nuevo máximo histórico. En contraste, el consumo privado aumentó apenas 0,4% interanual y retrocedió 2,4% respecto del trimestre anterior, mientras que la inversión cayó 0,8% trimestral. Esta divergencia refleja una economía en la que el crecimiento de la demanda externa todavía no consigue traducirse en una recuperación sostenida del mercado interno.
Las diferencias también se observan entre las actividades productivas. Durante los primeros ocho meses de 2026, la minería acumuló un crecimiento interanual del 13,2% y el sector agropecuario del 9,2%, mientras que la industria manufacturera retrocedió 2,5% y el comercio, 1,1%. Incluso dentro de la industria aparecen comportamientos contrapuestos: según la clasificación elaborada por el BCRA, las ramas orientadas principalmente a la exportación crecieron 3,2% interanual en agosto, mientras que aquellas más afectadas por la apertura comercial registraron una caída del 9%. El avance de las actividades exportadoras genera oportunidades para proveedores de bienes y servicios, pero también evidencia las dificultades de los sectores más dependientes del consumo doméstico.
La recuperación de la demanda interna depende, en buena medida, de la evolución de los ingresos y del empleo. Si bien la ocupación aumentó 2% interanual durante el segundo trimestre, el BCRA señala que el crecimiento del empleo privado estuvo impulsado principalmente por trabajadores no asalariados y asalariados informales, mientras que el empleo formal continuó perdiendo participación. A su vez, las leves retracciones de los salarios reales contribuyeron a moderar el consumo. Esta situación plantea un desafío para las PyMEs: aunque determinados sectores muestran una mayor actividad, una recuperación limitada del poder adquisitivo de los hogares puede dificultar que el crecimiento se extienda al comercio y a las industrias vinculadas al mercado interno.
La desaceleración de la inflación constituye un factor favorable para mejorar la previsibilidad económica y las decisiones de consumo e inversión. Durante el tercer trimestre, el IPC registró un incremento promedio mensual del 1,9%, frente al 2,2% del trimestre anterior. Sin embargo, la menor inflación no implica necesariamente una recuperación inmediata del poder adquisitivo, especialmente cuando los ingresos crecen lentamente o una parte creciente de ellos se destina al pago de obligaciones financieras. En este sentido, los datos del BCRA muestran que la irregularidad de los préstamos bancarios a las familias aumentó del 2,8% en diciembre de 2023 al 12,2% en septiembre de 2026. Aunque recientemente aparecieron señales de estabilización de la mora, el endeudamiento continúa representando una limitación para la recuperación del consumo.
El financiamiento también presenta avances, aunque distribuidos de manera desigual. Durante el tercer trimestre, el crédito bancario al sector privado creció a una tasa promedio del 0,6% mensual en términos reales y desestacionalizados, impulsado principalmente por los préstamos en moneda extranjera. En cambio, el crédito en pesos permaneció prácticamente estancado y los préstamos destinados al consumo disminuyeron. Como aspecto favorable, la irregularidad del crédito a las empresas se redujo del 4,4% al 3,8% entre diciembre de 2023 y septiembre de 2026. No obstante, la recuperación del financiamiento en dólares beneficia especialmente a las actividades con capacidad para acceder a ese mercado, mientras que numerosas PyMEs orientadas al consumo interno continúan dependiendo del crédito en pesos para financiar capital de trabajo e inversiones.
Las perspectivas para los próximos meses son más favorables. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de septiembre, los analistas proyectan una recuperación del PIB del 1,8% desestacionalizado durante el cuarto trimestre de 2026 y un crecimiento anual del 2,5% en 2027. La expansión exportadora, la desaceleración de la inflación y la recuperación gradual del crédito ofrecen condiciones para sostener el crecimiento. Sin embargo, el principal desafío será lograr que estos avances se extiendan al conjunto de las actividades productivas. Para las PyMEs, la consolidación de la recuperación dependerá no solamente de la estabilidad macroeconómica, sino también de una mejora sostenida de los ingresos, las ventas y el acceso al financiamiento. El desafío no es únicamente que la economía crezca, sino que ese crecimiento alcance a una mayor parte de las empresas y los hogares.