Mientras las exportaciones alcanzan niveles históricos y el superávit comercial supera los USD 21.000 millones en lo que va del año, el riesgo país vuelve a superar los 700 puntos básicos. Las dudas sobre el financiamiento de la deuda y las condiciones internacionales mantienen abierto el interrogante sobre la evolución de los bonos argentinos durante noviembre.
La economía argentina presenta una contradicción entre sus resultados comerciales y la percepción de riesgo de los inversores. Según el último informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA), publicado por el INDEC, septiembre cerró con un superávit de USD 2.976 millones, USD 2.039 millones superior al registrado un año atrás. Las exportaciones alcanzaron USD 10.036 millones, con un crecimiento interanual del 23,5%, mientras que las importaciones totalizaron USD 7.060 millones, una caída del 1,8%. El crecimiento de las exportaciones estuvo impulsado principalmente por los precios, que aumentaron 16,4%, mientras que las cantidades avanzaron 6,1%. En los primeros nueve meses del año, el superávit acumuló USD 21.198 millones. Sin embargo, esta mejora del frente externo contrasta con el comportamiento de la deuda soberana: el riesgo país llegó a tocar los 710 puntos básicos durante la jornada del 20 de octubre.
El desempeño comercial refleja tanto una mayor capacidad exportadora como señales de debilidad de la demanda interna. Las exportaciones de combustibles y energía crecieron 89,1% interanual en septiembre, impulsadas por mayores cantidades y mejores precios internacionales, mientras que las manufacturas agropecuarias e industriales también mostraron incrementos. Sin embargo, las cantidades importadas disminuyeron 11,2%, con caídas en bienes de capital y vehículos automotores. Por lo tanto, una parte del superávit responde al dinamismo de sectores exportadores, mientras otra está asociada a una economía que todavía presenta dificultades para sostener la inversión y el consumo.
La mejora comercial, sin embargo, no alcanza para despejar las dudas del mercado financiero. El riesgo país pasó de niveles cercanos a los 403 puntos básicos en julio a superar los 700 en octubre, reflejando una mayor prima exigida por los inversores para mantener deuda argentina. La explicación radica en que un superávit comercial no implica necesariamente una acumulación equivalente de reservas internacionales: las divisas también deben atender pagos de servicios, intereses y movimientos financieros del sector privado. En este contexto, la atención del mercado se concentra en la disponibilidad de divisas para afrontar los compromisos de 2027. Según el FMI, el servicio de deuda en moneda extranjera del Gobierno nacional y el Banco Central alcanzaría los USD 32.300 millones, de los cuales USD 23.300 millones corresponden a capital y USD 9.000 millones a intereses.
A la preocupación por el nivel de reservas internacionales se suma la incertidumbre política vinculada con las elecciones presidenciales de 2027, factores que continúan condicionando las posibilidades de financiamiento externo. También aparecen interrogantes sobre la capacidad de atraer y sostener inversiones extranjeras. Según el balance cambiario del BCRA, en agosto las inversiones directas de no residentes registraron egresos netos por USD 596 millones, explicados principalmente por operaciones del sector energético. Si bien este resultado no representa por sí solo una caída generalizada de la inversión extranjera, muestra movimientos financieros que deben considerarse al evaluar la disponibilidad efectiva de divisas.
A estos factores se suma el contexto internacional: una encuesta de Reuters realizada entre el 16 y el 20 de octubre mostró que 94 de 100 economistas esperan que la Reserva Federal mantenga las tasas entre 3,75% y 4,00%, mientras que los participantes anticipan un nuevo aumento en diciembre, un escenario que podría incrementar la presión sobre los activos de economías emergentes.
De cara a noviembre, el principal interrogante es si la mejora del sector externo logrará traducirse en una reducción del riesgo financiero. Aunque no existe una proyección consensuada que anticipe cuánto podría aumentar el riesgo país, los analistas identifican factores capaces de mantener la presión sobre los bonos argentinos: las necesidades de financiamiento de 2027, la acumulación de reservas y las condiciones internacionales. Una estrategia creíble para afrontar los vencimientos podría favorecer una recuperación de los títulos públicos, mientras que nuevas tensiones externas o financieras podrían prolongar la tendencia reciente. El contraste resume uno de los desafíos de la economía argentina: el país genera más dólares mediante sus exportaciones, pero todavía necesita consolidar las condiciones para que esa mejora se traduzca en mayor confianza financiera, menores costos de financiamiento e inversiones sostenidas.