Resumen Ejecutivo
La estabilización llegó a través de una doble intervención de emergencia hacia finales de mes. Primero, se anunció la suspensión temporal de las retenciones a las exportaciones agropecuarias para forzar un ingreso rápido de divisas. De manera decisiva, esta medida fue complementada por el anuncio de un paquete de apoyo financiero de hasta USD 20 mil millones por parte de Estados Unidos, un respaldo político y económico que actuó como un cortafuegos para la crisis.
El resultado es una calma precaria. Si bien el apoyo externo logró frenar la corrida y estabilizar las variables financieras, no resuelve los desequilibrios de fondo.
La economía real, mientras tanto, muestra signos de haber entrado en una fase recesiva, con indicadores de producción y confianza en fuerte caída, dejando un escenario de alta fragilidad de cara a las elecciones legislativas de octubre. La probabilidad de ingresar en una recesión alcanzó un casi categórico 98,6% en agosto, el valor más alto desde 2018, tras una contracción del 4,7% en el Índice Líder de la UTDT. Esta tendencia es respaldada por el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que si bien registró una suba interanual del 2,9% en julio, acumuló su segunda caída mensual consecutiva (-0,1%). En la misma línea, la producción industrial manufacturera muestra una clara tendencia a la baja, y la utilización de la capacidad instalada se mantuvo por debajo del 60% , anticipando caída en la inversión. El consumo de energía de los grandes usuarios industriales cayó un 2% interanual en agosto, reforzando la evidencia de un freno en la actividad.
En cuanto a la competitividad, la devaluación de septiembre trajo un alivio parcial, aunque el escenario aún no es favorable para la competencia de productos de las PyMEs. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), sigue por debajo de los 120 puntos
Recomendaciones
Ante el escenario actual, la prioridad para las PyME debe ser la preservación del capital de trabajo y la gestión de la liquidez. La estabilidad lograda a fin de mes es frágil y depende de factores externos. El principal riesgo de corto plazo es la incertidumbre política de las elecciones de octubre y la sostenibilidad del ancla cambiaria en el contexto de elevados niveles de endeudamiento externo que implican importante volumen de divisas destinadas a la cancelación de los compromisos externos. Se recomienda postergar toda inversión no esencial, reducir los gastos al mínimo indispensable y construir una «caja» de seguridad para afrontar los próximos 60 a 90 días.
Es fundamental adoptar una gestión proactiva de la cadena de pagos. La recesión y la contracción del crédito implica que sus clientes tardarán más en pagar. Anticípese a este problema ofreciendo descuentos atractivos por pronto pago para acelerar el ingreso de fondos.
En paralelo, contacte a sus proveedores estratégicos para negociar extensiones en los plazos de pago. El objetivo no es maximizar la rentabilidad, sino garantizar el flujo de caja operativo.
La estrategia de precios debe cambiar radicalmente. El principal problema ya no es la inflación de costos, sino el desplome de la demanda. Evite aumentos de precios preventivos que puedan destruir aún más sus volúmenes de venta. El foco debe estar en la rotación de inventario. Considere liquidar stock de baja rotación, incluso sin margen de ganancia, para generar liquidez inmediata. Sea extremadamente cauto con las nuevas compras y, de ser posible, opere con un modelo «just-in-time».
Mantenga una cobertura cambiaria prudente. Si bien el paquete de ayuda externa calmó al dólar, el riesgo de una devaluación futura sigue latente. Es recomendable mantener un porcentaje de la liquidez de la empresa dolarizada, no como una apuesta especulativa, sino como un seguro para preservar el poder de compra del capital de trabajo ante un eventual salto del tipo de cambio post-elecciones.
Finalmente, en un mercado que se contrae, es vital concentrar los recursos en su nicho de clientes más leal y resiliente. En lugar de intentar venderle a todo el mundo, refuerce la comunicación y la propuesta de valor con su base de clientes principal. La lealtad será un activo invaluable durante la recesión. Enfocar los esfuerzos comerciales y de marketing en retener a quienes ya confían en su negocio será la clave para sostener la empresa durante la caída del consumo.
Mercado interno en contracción
Macroeconomía
En nuestro informe macroeconómico de octubre, “El Agotamiento del modelo y el ancla externa”, analizamos los principales acontecimientos que marcaron la agenda económica y sus implicancias para el mercado.
Impacto en el financiamiento empresarial
La flexibilización monetaria de septiembre buscó aliviar la asfixia crediticia de agosto. Aunque las tasas bajaron, la incertidumbre general y la contracción de la actividad económica mantuvieron la demanda de crédito amesetada.
La dinámica del crédito bancario durante septiembre reflejó un estancamiento en la concesión de nuevos préstamos, manteniendo los volúmenes en un escalón más bajo que el mes anterior. A pesar de las recientes medidas oficiales destinadas a reactivar el financiamiento, su impacto resultó limitado y todavía no logró revertir la tendencia contractiva que arrastraba el sector.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA.
La fuga de depósitos en pesos se intensificó hasta mediados de septiembre, con una salida de aproximadamente $5 billones y mejoró con los anuncios realizados con Trump, pero se trata de un frágil equilibrio.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA.
Indicadores de la actividad económica
La competitividad externa recibió un alivio parcial tras la devaluación de septiembre; sin embargo, el entorno para los productos de las PyMEs continúa siendo adverso. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), al situarse por debajo de los 120 puntos, confirma que los bienes y servicios nacionales mantienen un costo elevado en términos relativos a nivel global. A pesar de una mejora bilateral significativa con Estados Unidos, el país mantiene una posición de baja competitividad cambiaria en relación con Brasil y China.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA.
Los indicadores de confianza reflejaron desconfianza. El Índice Líder (IL) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, para anticipar puntos de inflexión del ciclo económico, se contrajo un 4.7% en agosto, disparando la probabilidad de que la economía ingrese en una fase recesiva a un casi categórico 98.6% en agosto, frente al 56,16% de julio. Se trata del valor más alto desde 2018 y refleja un deterioro simultáneo en variables clave. Este dato, conocido en septiembre, es un indicador de que continuará la contracción de la economía real en los meses siguientes.

El INDEC publicó los datos de julio de 2025 del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). “Registró una suba de 2,9% en la comparación interanual y una caída de 0,1% respecto a junio en la medición desestacionalizada ”. Si bien, es una mejora en relación con el año pasado, que no fue un buen año, es el segundo mes consecutivo que cae.
En la misma línea que el EMAE, en julio, el Índice de Producción Industrial Manufacturero que elabora el INDEC, tanto la Serie Tendencia Ciclo (línea rosa) como las Serie Desestacionalizada (línea azul) muestran caída de actividad.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL, con datos a agosto, confirma la tendencia observada en el EMAE y el IPI del INDEC. Si bien su serie desestacionalizada registró un crecimiento puntual en el último mes, el panorama general no cambia: los tres índices coinciden en que el nivel de actividad industrial se mantiene por debajo de años anteriores. Adicionalmente, los datos preliminares para septiembre no son alentadores y sugieren una continuidad de este escenario contractivo.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de FIEL.
La utilización de la capacidad instalada industrial es otro indicador de la debilidad del sector. Por séptimo mes consecutivo, se ubicó por debajo del 60%, registrando además una baja entre junio y julio. Este bajo nivel de operación, en línea con la tendencia del EMAE, sugiere que las empresas no tienen incentivo para ampliar la capacidad productiva si la actual ya es excedentaria y actúa como un indicador adelantado de la inversión: una baja utilización hoy anticipa una caída en la compra de bienes de capital mañana.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
El consumo de energía eléctrica de los Grandes Usuarios (industria y comercio) de agosto cayó un 2% interanual, reflejando la menor actividad. El consumo en MW cayó de 33.776MW en agosto de 2024 a 33.083MW en agosto de 2025. A nivel mensual aumentó en un marco de consumo por debajo de los niveles de 2023 y 2022.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de CAMMESA.