Los precios mayoristas aumentaron 2,1% en agosto y la inflación minorista se moderó al 1,7%. Sin embargo, la energía eléctrica acumula una suba cercana al 48,4% en el año y los servicios continúan aumentando por encima del nivel general. A este escenario se suma la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de subir la tasa de interés, una medida que a endurecer las condiciones financieras internacionales.
Los datos publicados por el INDEC durante septiembre muestran una desaceleración de la inflación general, pero también una dinámica de costos que continúa generando presión sobre las empresas, particularmente sobre las pymes.
El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó 2,1% en agosto, por encima del 1,7% registrado por el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Los precios mayoristas acumularon así una suba de 19,1% en los primeros ocho meses del año y de 29,8% interanual. En términos generales, los precios mayoristas muestran una dinámica más moderada que los precios al consumidor. El IPIM registra una suba interanual de 29,8%, 3,7 puntos porcentuales por debajo del IPC (33,5%), mientras que en el acumulado del año la diferencia es de 2,2 puntos: 19,1% frente a 21,3%. Esta brecha muestra una dinámica más moderada de los precios mayoristas, aunque el promedio oculta importantes diferencias entre componentes y no refleja por sí solo la evolución del costo total de las empresas.
La desaceleración de los precios mayoristas puede contribuir a moderar parte de los costos vinculados a insumos y mercaderías. Sin embargo, para las pymes la evolución del costo total no depende únicamente de esos precios. Energía, servicios y otros gastos operativos tienen un peso relevante en la estructura de costos y, en algunos casos, registran aumentos considerablemente superiores a los índices generales.

Sin embargo, dentro de los costos mayoristas aparecen diferencias importantes. La energía eléctrica aumentó 2,7% en agosto y acumula 48,4% en el año, más del doble que el nivel general del IPIM. También sobresale el petróleo crudo y gas, que acumula una suba de 53,9% desde diciembre.
Esa diferencia puede generar una presión adicional sobre las empresas que no logran trasladar completamente los mayores costos a sus precios de venta. Con una inflación general en desaceleración y un consumo que muestra poco dinamismo, la posibilidad de recomponer márgenes vía precios se reduce, mientras algunos componentes del gasto empresario continúan aumentando por encima del promedio.
La misma heterogeneidad aparece en el IPC. Mientras el nivel general aumentó 1,7% en agosto, los servicios subieron 2,0%, frente al 1,4% de los bienes. En los primeros ocho meses del año, los servicios acumularon un incremento de 27,1%, frente al 21,3% del nivel general. La división Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó 2,8% en agosto y acumula 31,5% en 2026, por encima del 21,3% del nivel general.

Más presión desde el frente financiero
El escenario local coincidió con un cambio en las condiciones financieras internacionales. Este miércoles, la Reserva Federal de Estados Unidos elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango de 3,75%-4,00%, ante la persistencia de la inflación. Fue la primera suba de tasas de la Fed en más de tres años.
Una tasa estadounidense más alta encarece el costo internacional del dinero y tiende a endurecer las condiciones de financiamiento para las economías emergentes. Para las empresas argentinas, su impacto no es directo ni uniforme, pero es un factor adicional de presión sobre un escenario local en el que los costos de energía y servicios avanzan por encima de la inflación promedio.
De esta manera, la desaceleración del IPC convive con una estructura de costos todavía exigente para las pymes: menor inflación general, pero aumentos sensiblemente mayores en energía y servicios, a lo que ahora se suma un contexto financiero internacional con tasas más altas.