La economía argentina atraviesa un proceso de escasez de pesos, un escenario donde la relación entre la morosidad y la política monetaria se vuelve cada vez más evidente. El plan de estabilización actual logró desacelerar la inflación con relación a 2023, situándola en un 33,5% interanual. Sin embargo, el efecto del ancla monetaria se observa en la economía real a través de una reducción de la liquidez. Esta dinámica, en conjunto con otros factores (tasas altas, caída de los salarios, caída de la demanda, etc.), empuja los niveles de impago de familias y empresas a máximos que no se registraban en los últimos años.
La dinámica del M2 y la inflación
Para analizar la evolución de los agregados monetarios frente a los precios, el gráfico Variación del IPC interanual y variación interanual del M2 transaccional del sector privado expone la variación interanual del promedio móvil del M2 frente al Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El M2 privado mide la liquidez de las familias y las empresas. El Banco Central lo calcula sumando el circulante (billetes y monedas) y el dinero depositado en cuentas corrientes y cajas de ahorro del sector privado. Este indicador representa el efectivo y los saldos bancarios disponibles para realizar operaciones diarias, como el pago de sueldos, la reposición de mercadería o el consumo minorista.

Al comparar ambas variables, la inflación se ubica en un 33,5% para junio y el M2 nominal registra un incremento del 19,2%. Esto significa que estamos ante una contracción real del M2, lo que indica una caída de la liquidez real.
Depósitos privados: el ahorro en terreno negativo
Una contracción de la liquidez podría estar acompañada por un aumento del ahorro financiero. Sin embargo, el gráfico Variación del IPC interanual y las variaciones porcentuales promedio real de los depósitos del sector privado[1] muestra que la variación real interanual de los depósitos registró un -5,00% en el mes de junio.

El aumento de los impagos no es un problema aislado de gestión o de contratos entre privados, sino la consecuencia compatible con un contexto de restricción monetaria. La caída simultánea del dinero circulante y de los ahorros evidencia que las familias y las empresas enfrentan una falta de liquidez integral.
Esta reducción de los depósitos responde a un contexto en el que buena parte de las tasas de interés ofrecidas al ahorro quedaron por debajo de la inflación y a un desahorro forzoso: ante la caída del salario real, el sector privado debió desarmar sus posiciones a plazo para cubrir gastos corrientes, sostener el consumo o mantener el capital de trabajo. En consecuencia, el incumplimiento de las obligaciones se incrementa porque los actores económicos ya no disponen del efectivo circulante ni de las reservas necesarias para cancelar sus deudas.
Cuando los ingresos y los saldos monetarios crecen por debajo de los precios, los hogares y las empresas disponen de menos liquidez para afrontar sus vencimientos corrientes. En ese contexto, aumenta la probabilidad de atrasos e incumplimientos en el pago de obligaciones financieras, especialmente cuando el financiamiento pierde capacidad de compensar la caída del poder adquisitivo
Los datos del sistema financiero reflejan este escenario. Desde enero de 2025, según los indicadores de irregularidad del BCRA, la morosidad general registra incrementos consecutivos hasta alcanzar un total del 7,6% en junio, mes en el que se estabilizó en los niveles más altos de los últimos años. En el segmento de las familias, el incumplimiento se ubicó en el 12,7%, impulsado principalmente por la falta de pago en tarjetas de crédito y préstamos personales. Asimismo, el sector de las billeteras virtuales no bancarias registra niveles de mora aún mayores.
Perspectivas a futuro
El escenario económico a mediados de 2026 expone una estabilización financiera en un contexto de contracción de la actividad. La restricción monetaria logró quebrar la inercia inflacionaria y ubicar el índice en torno al 2% mensual, un registro notablemente inferior a los de 2023, aunque todavía elevado en términos generales. No obstante, la aplicación de esta política redujo fuertemente el margen de maniobra financiera del tejido productivo y de los hogares.
De cara al futuro, el sistema bancario tradicional cuenta con altos niveles de liquidez y previsiones, lo que mitiga el riesgo de una crisis sistémica. El principal desafío macroeconómico consistirá en remonetizar (mediante un crecimiento sostenido de los agregados monetarios consistente con la demanda de dinero) gradualmente la economía para permitir la recomposición de los salarios, la recuperación del crédito y el aumento de la demanda, evitando que esta normalización de la liquidez impulse una nueva aceleración de la inflación.
Para revertir esta dinámica, una alternativa para favorecer la recuperación sería impulsar políticas activas orientadas a la reducción del costo del crédito, la recuperación de los ingresos y la flexibilización de las condiciones de financiamiento. El foco de estas medidas permitiría recomponer el capital de trabajo, una necesidad crítica para el sector de las pequeñas y medianas empresas.
No obstante, en el corto plazo no se observa la aplicación de estas herramientas ni se anticipa una reversión rápida del actual escenario de contracción monetaria. Todo indica que la escasez de liquidez y los altos niveles de morosidad seguirán operando como un límite directo para la actividad comercial y el desarrollo productivo del sector privado.
[1] Incluye: Depósitos a la vista del sector privado (No Remunerados y Remunerados), Depósitos a plazo fijo y otros del sector privado (Plazo fijo, No Ajustables por CER/UVA/Tipo de cambio, Ajustables por CER/UVA/Tipo de cambio, Tradicionales, Precancelables, Otros depósitos).